01 Sep

Capítulo 308: Cómodos

La Leila, sin pronunciar palabra alguna, se quitó su enorme abrigo, se sentó al borde de mi cama, desabrochó su blusa hasta la altura de sus pechos y ahí, frente a mis ojos emocionados, comenzó a acariciar su redondeada barriga, mágico continente de mi futuro hijo. “Ven”, me dijo simplemente, “con confianza, le gusta que le hagan cariño”, y yo, con la obediente emoción del padre primerizo, estiré tímido mi mano derecha, y la posé sobre su pequeño ombligo, imaginando que, desde el otro lado, mi vástago recibía el calor que ahora le transmitía, palpaba mi alegría, y sentía la inmensa satisfacción que yo estaba vivenciando en tan maravilloso momento.

Los minutos pasaron, y mis tiernas caricias se fueron para otro lado, convirtiéndose de golpe en un sobajeo desenfrenado que nos obligó a despojarnos de toda prenda innecesaria. La Leila, cuidando cada movimiento, se me lanzó encima como una calmada fiera, y yo, tratándola con la suavidad que una embaraza se merece, la tomé entre mis brazos, y la besé como quien besa al amor de su vida.

– Y entonces, cómo… cómo lo hacemos…
– ¿Por qué lo dices?
– O sea… por tu guata, obvio, ¿En qué posición podemos estar más cómodos?
– No sé…. se me ocurre que de lado, ¿Te tinca?
– Probemos po. Igual es complejo… es que en serio está muy grande, y eso me incomoda un poco.
– Oye, me estás haciendo sentir mal.
– ¡No, no, perdón! Nunca fue mi intención ofenderte. Además, se entiende que el cuerpo humano cambia, y…
– Ya, por esta vez te lo dejaré pasar, pero nunca más, ¿Bueno?
– Sí, disculpa, es sólo que me sorprendí…
– ¿Y entonces? ¿En qué estábamos?
– Ven para acá. Yo te voy a mostrar en lo que estábamos.
– Oh… oh, la hueá rica… extrañaba tanto esto.
– Yo también, ni te lo imaginái.
– ¿Y mi guata? ¿Te molesta aún?
– Sólo un poquito, cuando me muevo…
– Yo que tú, me voy acostumbrando, porque no creo que disminuya su volumen pronto, y… ¡Chucha! ¡Para, para!
– ¡Qué pasó!
– ¡La guagua!
– ¡Qué onda! ¡Qué pasó con la guagua!
– ¡La guagua me puso una patá’ en la pichula! ¡Desde dentro, me pegó medio puntete!
– Pero Mati… ¡Puta que erí mata pasiones hueón!

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