09 May

Capítulo 31: Carta para don Aureliano.

– Matías, murió don Aureliano – me dijo mi vieja apenas llegué a la casa.

Era mi primera semana como estudiante de segundo medio. Aquel día nos soltaron a la hora de almuerzo porque el director del liceo consideró que estábamos puro hueviando haciendo la jornada completa, más de la mitad de los cabros aún se encontraban de vacaciones y los profes andaban con más paja que sus propios alumnos.

– ¿Don Aureliano? No me suena vieja, ¿Quién es?
– ¡Tu abuelo pues Matías!
– ¡Ah! ¿El papá de mi papá? ¿Y qué le pasó?
– No sé muy bien, me llamó tu abuela para avisarme… no sonaba muy triste, parecía más bien enojada… ¡Pero bueno! La cosa es que tienes que ir a acompañar al mata de huevas de tu padre en estos momentos, te dejé una mochila con ropa sobre tu cama, así que apúrate.
– Pero vieja, ¿Acaso tú no lo irás a ver? Si llevan sólo unos meses separados, deberías acompañarme.
– ¡Qué voy a andar compadeciéndome de hueones yo! Aparte nunca me llevé bien con el finao´, siempre que me veía se quedaba pegado mirándome las tetas y después se le caía la baba al muy cochino, si era más caliente… ¡Igual que tu padre no más po! ¡Ya, y partiste al velorio, mira que tus tías deben estar pelándote porque no llegai nunca! Yo aprovecharé de ir al ciber de tu tío Pato a descargar una cosita… quédate a dormir donde tu abuela no más, no te preocupes por volver, total ahora hay una cama de sobra en esa casa.

Contrario a lo que mi vieja me hizo creer, llegué al velorio y a todos les importó un pico mi presencia… podría no haber ido y hubiese pasado más que piola, pero ya estaba instalado y no tenía plata para pagar una micro que me llevara de vuelta a casa. El motivo de mi incomodidad en aquel lugar radicaba en que mi viejo nunca tuvo una buena relación con sus hermanos (con sus hermanas menos), y eso se tradujo en que yo tampoco tuviese un contacto fluido con mis parientes paternos, así que estando rodeado de desconocidos lo mejor que pude hacer fue acercarme al único rostro familiar que sabía que me podía pescar, aunque fuese arriesgado en todo sentido.

– Viejo, hola… oye, siento mucho lo de tu papá… vine para acompañarte y, bueno, ver si necesitas algo.
– ¡Qué bueno que lo digas! Justo necesito un favor de tu parte.
– Pero… pero viejo, ¿Cómo al tiro? Ofréceme un cafecito primero, no sé, llévame a saludar a la abuela, ¿No será mucho el aprovechamiento?
– Mati, no me hables así, estoy sensible – dijo realizando la peor representación de una mueca de dolor que he visto en mi vida.
– Puta viejo, ¿No le puedes pedir ayuda a alguien más? Me tinca que me meterás en un cacho.
– Imposible po Mati hueón, tú eres la persona indicada, si no es nada del otro mundo.
– Puta… ya, dale, habla.
– ¿A ti te gusta escribir, cierto?
– Sí viejo, recuerda que cuando te conté que me cautivaban las letras me pusiste de apodo “la Pabla Neruda” y me hueviaste hasta que te aburriste.
– ¡Viste que te conozco hijo! Me da gusto que recuerdes los momentos divertidos que hemos vivido. ¡Ya! La hueá Mati es que todos acá son súper religiosos, y el cura pidió que un miembro de la familia leyera alguna cartita de despedida para mi taita, ¿Me cachai? Entonces, justo cuando preguntaron quién podía redactarla, iba pasando la prima de una de mis cuñadas, y puta, le tengo unas ganas tremendas, así que para hacerme el bacán grité “¡Yo la escribiré, porque soy un hombre lleno de sensibilidad; en mis venas no corre sangre, corre tinta, y quiero plasmar en el papel los versos más cototos pa mi viejo!”. Saqué aplausos.
– Ya, ¿Y querí que te ayude a escribir la carta?
– No Mati, no me estai entendiendo… quiero que tú escribas la carta, no que me ayudes, quiero que la redactes completa, en su totalidad, de principio a fin, introducción, desarrollo y conclusión.
– Viejo… te recuerdo que se murió tu papá, encuentro nada que ver que te estés preocupado de comerte a una mina que apenas conoces en un momento como éste.
– Mati… mi viejo era un hueón caliente, ¡El peor! Y si yo estoy haciendo esto es por él, para honrarlo.
– Puede que tengas razón… pero… ¡Ya! No pelearé contigo, cuéntame qué quieres que diga la famosa carta, aunque nunca conocí bien al abuelo algo puedo inventar.
– Mira, es sencillo, con las mejores metáforas que puedas crear comienza hablando del amor, de la pasión, porque mi padre fue un hombre muy apasionado, y luego resalta sus atributos, escribe algo sobre su manos, sobre su mirada profunda, y después, para ponerle color, dile que quiero estar con él, que me deje acompañarlo, aunque sea una última noche antes de que diga adiós para siempre.
– Viejo… qué profundo, nunca esperé que algo así viniera de tu parte…
– Me extraña Matías… se nota que no me conoces.

Comencé a escribir la carta siguiendo al pie de la letra a las peticiones de mi viejo, y la dejé en sus manos esa misma noche. Me sonrió conmovido y me aconsejó que me fuera a acostar, que merecía descansar, que era un gran hijo y que no tenía palabras para agradecer lo que había hecho por él. Esa noche dormí con un sentimiento de paz en mi interior, pero se me fue a la chucha cuando, a la mañana siguiente, mi padre se subió al podio de la iglesia, sacó un papel roñoso de su bolsillo y leyó: “Que descanses en paz papá, te extrañaremos, chao”.

– Oye viejo – le susurré cuando volvió a sentarse a mi lado – ¿Qué fue esa mierda que leíste?
– La despedida a mi padre pues Matías, la pregunta hueona que me estai haciendo.
– ¿Y la carta que me hiciste escribir? ¿Qué pasó con ella? No me vayas a decir que estaba mala, porque la hueá que leíste sí que fue vergonzosa.
– Todo lo contrario Mati hueón, tu carta estaba perfecta, precisa, las palabras más bellas que he leído en el último tiempo… ¿Pero te acuerdas para que la quería?
– Sí po, para sorprender a la prima de tu cuñada… Pero el plan no te va a resultar después de lo que acabas de leer.
– ¡Ja! Ya me la afilé anoche Mati hueón, después de que me pasaste el papel copié todo el contenido en otra hoja, cambié algunas palabras de masculino a femenino y quedó perfecta como carta romántica, sobre todo esa parte que decía “sé que el entierro será doloroso, pero te aseguro que luego de eso verás la luz”, ¡La loca se la tragó entera!
– ¿Qué? ¿La carta?
– Ah, sí, la carta también.

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