13 Sep

Capítulo 310: Antojos en décimas

La Leilita está esperando
a un cabrito ‘e mi autoría,
le planté la semilla un día
en el que bajo la vi volando.
Y así los meses fueron pasando
el cabro chico creció sanito,
largo, gordo y cabezoncito
copia viva de su gran paire,
quien, sin hacerle un desaire,
le prometió amor infinito

Pero un día pasó algo extraño,
la Leilita se vio asustá’,
“oye Mati, no sabí na’,
tengo un antojo deste tamaño:
yo no tomo hace más de un año
pero tu hijo me está pidiendo,
dos piscolas, ¿Me estái oyendo?
Y un trozo ‘e charqui, pa’ su bajón
¡Será un rancio mi bendición!
A su paire ya está saliendo”.

“Mi amorcito, ¡Estoy re asusta’o!”
Le dije fuerte, y con cara ‘e espanto
“Yo soy rancio, pero no tanto
como pa’ que eso le haya hereda’o.
Quizás lo chicha es más de su la’o
¡Si mi familia es de buena raza!
Son todos finos, chiguá, ¿Y qué pasa?
A lo má’ tomamo’ un poquito,
pisco, chicha, su buen tintito,
y el tonto charqui tira’o en la’ braza’”.

“¡Pero qué hago con este antojo!”
Preguntó Leila casi llorando,
“una de pisco vamo’ comprando”,
le respondí y le guiñé un ojo
“y una bebí’a, pa’ no que’ar cojo,
y sus dos charquis, porque es bien rico
¡Yo por mi hijo me sacrifico!
No vaya a pensar que esto e’ para mí,
es para usté, mire que así,
roba el sabor de mi mismo hocico.

La Leilita hizo caso al tiro,
sirvió todo y me dijo “¡Dale!
Come y toma, el bebé lo vale,
de este empacho quiero un respiro,
¡Pero chupa, como un vampiro!
Y ahora ven, quiero un beso fuerte,
probar tus labios es la mayor suerte
que me encontra’o, te juro amor,
aunque me que’o con el temor,
de que nos salga un cura’o a muerte”.

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