09 May

Capítulo 34: El cumpleaños de mi viejo, 2014 (parte 3).

El 2014 tuve la intención de regalarle a mi viejo una fiesta de cumpleaños a su medida. Año a año todos sus cercanos cometíamos el error de prepararle celebraciones demasiado convencionales, aunque levantadas a punta de buenas intenciones, pero eso a mi viejo no lo satisfacía, mirarlo sentado en una mesa con una torta llena de velitas era lo más similar a ver un chancho en misa, las hueaitas pa´picar y el pisco sour simplemente no están en la cadena alimenticia de un viejo rancio y, por lo mismo, decidí resignarme y organizar una conmemoración digna de un auténtico guachaca… Y fue más fácil de lo esperado, no podía ser de otro modo, si cada vez que le decía “viejo, ¿Qué querí para tu cumpleaños?”, él me respondía “copete, o que alguien me invite al Passapoga, o que me paguen aunque sea una hora con la scort más puta de Chile, esa que se comen sólo los futbolistas y los políticos faranduleros”, y yo, el muy hueón, le regalaba calcetines, o algo para decorar la casa o, como mucho, una Gift Card. Debía enmendar mi error, por lo mismo me decidí a hacerle la gran pregunta, pero esta vez me juré tomar en cuenta su respuesta.

– Viejo… Quedan cuatro días para tu cumpleaños… y quizás me arrepienta de decir esto pero… ¿Qué quieres, en serio en serio, de regalo?
– Pero Mati hueón, ¿Para qué me preguntai eso si siempre hací las hueás a tu pinta? El año pasado te dije que quería un barril de pilsen, y me diste un pendrive po hueón, ¡Un pendrive!
– Si lo sé viejo, recuerda que después me lo regalaste de vuelta para la navidad… y ni siquiera te molestaste en borrar las fotos de viejas con las tetas al aire que tenías almacenadas.
– ¡Puta que erí mal agradecido Mati hueón! ¡Eran 4 gigas de minas en pelota! ¿Qué padre se desprende de algo así para dárselo a su hijo?
– Ya viejo, no pelearé contigo, sólo te digo que este año no gastaré un solo peso en tortas o velitas, porque prepararé un cumple a tu pinta, así que… ¿Qué te tinca?
– ¿Lo que yo quiera?
– Una hueá realista sí po.
– Hazme gancho con tu ex, la potona esa, la Coni.
– No, ni cagando.
– Entonces pone una cámara en la ducha de tu mamá, la grabai en pelota y me regalai el video.
– Olvídalo.
– ¡Cómo es la hueá entonces! ¡No querí hacer nada po!
– ¡Pídeme algo normal! ¡O si no te voy a regalar un paquete de calzoncillos y se acabó el tema!
– ¡Ya hueón oh! Está bien… te pediré algo con lo que llevo soñando mucho tiempo: contrata el “Paquete Turístico Premium” del flaco Lucho.
– ¿”Paquete Turístico Premium”? ¿Qué es esa hueá?
– Es una Pyme que inventó el flaco para potenciar su clandestino, incluye bar abierto por tres días, derecho a sacar todo el charqui y el mani que quieras de su local, te hace un recorrido por los mejores clandestinos de San Antonio en su citroneta, al último día te arma un picnic en la Plaza de Armas y, para rematar, te lleva al toples del negro Fidel a remojar el cochayuyo con una camboyana que trajo desde… adivina.
– Puta, no sé, ¿De dónde?
– ¡De Camboya po Mati hueón! ¿Te imaginai cómo debe ser esa hueá? ¡Una real camboyana de Camboya!
– Es lo más decadente que he escuchado… pero si eso es lo que quieres…
– Mati, hijo, en algún momento llegué a pensar en vender un riñón para pagar el “Paquete Turístico Premium” del flaco Lucho… total, si después me enfermaba, tú podrías donarme uno tuyo.
– Viejo, yo que tú cierro la jeta… aprovecharé de llamar a don Lucho ahora mismo y podemos comenzar la previa mañana.
– Esto será grande Mati hueón, sólo te puedo decir algo…
– No lo puedo creer… ¿Me dirás “Gracias”?
– No, ¿Viste que te poní hueco al tiro? Te iba a decir que intentes comer bien hoy, aprovecha de descansar y, por si las moscas, deja un testamento en algún lugar visible.

Al otro día, apenas despertamos, dimos inicio a la jarana. Las primeras 24 horas fueron relativamente normales, no salimos del clandestino y chupamos como si fuese acabo de mundo, soltando el vaso únicamente para pegar una pestañada debajo de la mesa, y sería. La segunda noche me teñí el pelo rubio, nos fuimos al clandestino de chico Maicol, luego a la casa de mi viejo y, cuando salió el sol, fuimos a la peluquería de la negra Marlén para que me hiciera la base. La borrachera constante estaba afectando mi capacidad de raciocinio, pero solito me había metido en ese cacho, no podía reclamar, para peor aún quedaban algunas actividades programadas en el “Paquete Turístico Premium” y mi viejo me cateteó hasta que volvimos donde el flaco Lucho para llevarlas a cabo.

– ¡Apareció el cumpleañero! – Le dijo el flaco a mi viejo – ¿Qué hueá compadre? ¿Anda con el Profesor Rossa?
– El Profesor Rossa tiene el pelo rosado po flaco hueón, éste es rucio… tendría que ser El Profesor Rucio, o algo así…
– ¿Y usted sería el Guru-Guru compadre? ¿O el tío Calentín?
– Puta que erí fome sobrio flaco Lucho culiao… ¡Ya! Vinimos para completar la última parte del “Paquete Turístico Premium”, aún nos queda el tour en citroneta, el picnic en la Plaza de Armas y la camboyana donde el negro Fidel. Son recién las 7 de la tarde, así que apretemos cachete que el día se nos va.
– Ya, voy a decirle a mi señora que prepare los huevos duros, ustedes mientras tanto saquen el copete que quieran, ¡Pero no se ahueone compadre! ¡No vaya a ser que quede raja antes de su regalito final!
– ¡Me extraña Lucho hueón! Si yo tengo aguante, llevo años entrenando para momentos como éste.

Sin que mi viejo se percatara intenté chupar lo menos posible a partir de ese momento, se supone que tendríamos una fiesta sorpresa en el clandestino del flaco cuando se terminara el “Paquete Turístico Premium”, así que era mi responsabilidad juntar fuerzas para aguantar toda la noche. El tour en la citroneta estuvo fomeque, no nos dejaron entrar a casi ningún bar por estar muy borrachos, así que fuimos de una a la Plaza de Armas para nuestro picnic de huevos duros y tequila, a esa hora el hambre cobraba fuerza y mi viejo se comió toda la hueá prácticamente solo.

– Matías – me dijo con la boca llena – te tengo que decir algo, acércate.
– ¿Ahora sí me vas a agradecer?
– No seai mamón Mati hueón… te quería preguntar si tenías papel, estoy que me cago… voy a plantarla acá mismo.
– ¡No seai chancho po viejo! Cómo se te ocurre, además no ando con nada, tendrías que ir a un baño público.
– ¿Y dónde hay un baño público por acá?
– Estamos en pleno centro, está lleno de baños públicos, pero apúrate eso sí, ya van a ser las 9 y todos los negocios están por cerrar.
– ¡Obvio que me voy a apurar po Mati hueón, si tengo un mojón que me está culeando! ¡Ya, voy y vuelvo! Espérenme en el clandestino del negro Fidel, aprovecha de decirle que me tenga a la camboyana limpiecita, recuerda que me gustan las hueás finas.

Y le hicimos caso, llegamos donde el negro Fidel y conocimos a la camboyana, aunque los minutos siguieron avanzando y ni rastros de mi viejo. “Puta, otra vez me hizo la misma”, le comenté, emputecido, al flaco Lucho, “es que algo le tiene que haber pasado”, me respondió, “porque tu padre es muy maricón y todo eso, podría dejar a su hijo tirado todas las veces del mundo, ¿Pero a una puta? Jamás”. Tenía razón, y no había mucho que hacer frente a eso, las horas pasaron y no nos quedó otra que pagarle a la camboyana por haberla obligado a ducharse, disculparnos con el negro Fidel, cancelar la cuenta y virar cada uno para su casa. A las 10 de la mañana apareció el cumpleañero, pálido, hediondo a más no poder y con un pendrive nuevo en sus manos.

– Viejo, ¿Qué hueá? Cagaste toda la celebración.
– No me digai nada Mati hueón… no me digai nada…
– ¿Pero qué onda, dónde te metiste?
– ¿Que dónde te metiste? De haber sido por mí hubiese cagado ahí mismo, al lado de una banca, pero no, el fino de mi hijo me mandó a la perdición.
– ¿Pero de qué estai hablando? No te estoy cachando nada.
– Lo que pasa, Mati hueón, es que fui a buscar un baño al mall que está cerca de la plaza… y me fue la raja, el wáter estaba limpiecito y la puerta tenía un cerrojo irrompible para cerrarla por dentro. Me puse cómodo, empecé a relajar el chico y de repente ¡Paf! Me sentí como una madre dando a luz.
– Qué ternura…
– Fue tanto, Mati hueón, tanto tanto lo que hice, que cerré los ojos de puro cansancio, y cuando los abrí nuevamente… todo era obscuridad, ¡Me había quedado raja sentado en el wáter! Pesqué el papel y me lo pasé a la rápida, no me lavé ni las manos y salí a cachar qué onda, ¡Y no había nadie Mati hueón! ¡El mall estaba cerrado y yo, el hueón, atrapado dentro! Me puse a recorrer los pasillos y nada, todas las puertas aseguradas… menos mal me topé con un guardia de seguridad, era viejito y se anduvo cagando de miedo un poco parece, porque me dijo “caballero, tome la hueá que quiera, pero no me haga daño”.
– No me digai que te robaste algo…
– Puta sí… este pendrive… me hacía falta uno, el que tenía lo regalé… ¡Y no me mires así! Que con ese pelo y esos rulos no te voy a tomar en serio ni cagando.

Aquel domingo me rapé, tuve que vender hasta la tele para pagarle el “Paquete Turístico Premium” al flaco Lucho y, con la plata que me sobró, le compré a mi viejo una torta llena de velitas y un paquete de calzoncillos. Ojalá no le hayan gustado, por hueón.

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