09 May

Capítulo 35: Mi primer velorio.

Con tan solo 7 añitos fui a mi primer velorio. A la viuda no la conocía, y menos al finado, pero mi madre, que tenía casi por deporte el asistir a este tipo de ceremonias, me obligó a acompañarla. Como era buen cabro, me intenté adaptar lo mejor posible a la situación, e incluso me ubiqué detrás de ella en la enorme fila de deudos que iban, uno a uno, dándole el pésame a la viuda: un abrazo, un beso en la mejilla y unas palabras al oído; y pasaba el siguiente: un abrazo, un beso en la mejilla y palabras al oído… “¿Qué cresta le estarán diciendo?”, me pregunté dentro de mi ignorancia infantil, y esa curiosidad se transformó en desesperación a medida que la fila avanzaba y mi turno se hacía más próximo, “¿Qué le dicen? ¿Qué será?”, seguía pensando, pero ya era tarde, en un abrir y cerrar de ojos me vi de pie frente a la viuda y, automáticamente, tal como había observado, le di un afectuoso abrazo, un suave beso en la mejilla y, con la esperanza de utilizar las palabras acertadas, le susurré lo primero que se me vino a la mente: “Señora… la felicito”.

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