09 May

Capítulo 42: La coreografía.

Hoy acompañé a mi padre a la posta. Después del polvo que se pegó con una vieja fanática de las “50 sombras de Grey” quedó con múltiples pifias por todos lados, las cuales poco a poco han ido desapareciendo… incluso las cicatrices de su espalda ya casi no sangran, lo cual es buena señal, aunque lo mejor es que el doctor le dijo que podía volver a tomar como chancho, y puta, la cara de emoción que puso ni en la Teletón la he visto.

– No esté tan contento señor, recuerde que las quemaduras que sufrió a lo largo del pene aún no se recuperan del todo – agregó el médico para finalizar – por lo menos tiene que estar sin usarlo unas 6 semanas más.
– Sí doctor, parece longaniza la hueá todavía – respondió mi viejo – aunque me he cuidado, todas los días le pido a mi hijo que me unte cremitas en el cogote de pavo, y si él no está no me queda otra que echarme solo, si total no me cuesta nada.
– Me parece muy bien señor, me alegro que se cuide, pero antes de despedirnos cuénteme algo… ¿Cómo chucha se le quemó? ¿Es cierto lo que me contó su hijo?
– ¡Claro que es cierto po doctor! No entiendo porqué nadie me cree, si no es nada fuera de lo normal: estaba afilando con una vieja y ella, para darle color al asunto, llenó sus muebles de velas rojas, todas encendidas iluminando el lugar, si parecía pieza de Barby la hueá, el hueco del Pato hubiese estado feliz ahí dentro, y no le voy a mentir, la muy caliente me sacó la chucha bien sacada, primero me colocó una trampa para ratones en las tetillas, después pasó un alambre de púas por mi espaldas y luego vino todo lo demás: correazos, chirlitos, candados chinos, llaves de lucha libre… ¡Con decirle que un momento sacó un desodorante roll-on de su velador y me pidió que se lo dejara caer en el nudo de globo! Loca la vieja, si le sacaba mentiras a la pichula. En un momento se descorchó porque, según dijo, siempre soñó con ser bailarina de algún topless, y por lo mismo aprovecharía el momento para regalarme un baile sensual. Pescó su celular y, tal como lo hacen los flaites, puso a todo tarro una canción que decía algo así como “despacito para abajo, para abajo, para abajo”, y después lo mismo, pero “para arriba, para arriba, para arriba”, una mierda de letra, pero la vieja, guatona y todo, la bailó con la gracia de una maraca profesional. Ahí fue cuando me dijo que era mi turno, que ahora yo tenía que dedicarle una coreografía, así tal cual ¡Y puta, díganle al hueón po! Me puse de pie mierda, tomé unos calzoncillos de leopardo que andaba trayendo dentro de mi banano y me los chanté de una. La vieja aprovechó ese rato para encender un tremendo pito que tenía bajo la almohada y tomó su celular para poner un tema diferente, algo más relajante, según cuenteó ¡Y me cagó po! Le dio play a una canción de mierda más pajera que mi hijo, el hueón que cantaba parecía mongólico y no se entendía ni chucha lo que intentaba pronunciar. Como igual quería bailarle a la tonta me empecé a mover de allá pa acá, le hice unos pasos de cumbia que me enseñó el flaco Lucho y, para ponerle efectos especiales a mi show, tomé un par de velas y me empecé a frotar el esperma que caía de ellas por todo el cuerpo, ¡Y justo ahí vino el coro! Le puse oreja para cachar de qué se trataba y comencé a ponerle empeño a la coreografía… Igual le coloqué talento, aunque reconozco que la calentura nubló mi mente, porque cuando escuché que el cantante dijo algo como “saca, prende y sorprende” me bajé los calzoncillos y me lo saqué, luego me lo prendí… y después puta que me sorprendí… No entiendo de qué se ríen, ¡Si eso dice el tema que hay que hacer po! ¡En las canciones bailables tení que seguir la letra! ¿A ver? ¿Cómo que no se trata de eso? ¡Ustedes no cachan na de coreografías!

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