09 May

Capítulo 45: Mi venganza contra el flaco Lucho.

El carrete auspiciado por el flaco Lucho se nos escapó de las manos. Al principio la intención era que mi viejo “volviera a chupar”, y la verdad es que no se hizo de rogar mucho que digamos, sólo pidió a cambio bar abierto por un mes y un sinfín de hueás más ligadas al copete. Luego de aceptadas sus condiciones la tomatera se fue por su rumbo normal: el chico Maicol vomitó sobre la parrilla llena de choripanes y, por chancho, lo obligaron a comérselos todos; el negro Fidel llegó con una acompañante y mi papá asumió que era puta, cuando en realidad se trataba de la señora del negro, y le preguntó cuánto cobraba por un lavado de cabeza; más tarde un viejo se pegó una meada dentro del refrigerador y mojó la carne que habíamos dejado guardada para la noche, aunque después se la comieron igual porque asumieron que estaba saladita, y así fueron pasando una infinidad de hueás… pero la peor vino cuando al flaco Lucho le dio la pálida y partió a dormir al único lugar donde creyó que estaría alejado de una posible broma pesada por parte de sus amigos rancios: mi cama.

Sé que no hay forma de justificar lo que hice, pero el flaco me la debía. Hace algunos meses me chantó un condón con leche condensada en el poto y ni siquiera le reclamé ni nada de eso, me la comí callado esperando el momento preciso para meterle el gol de vuelta. Por lo mismo el flaco se confió y me pidió que le prestara la pieza para pasar la mona, “cómo no don Lucho, pase no más, póngase cómodo, no le avisaré a nadie que está acá” le dije con toda la maldad, aunque en realidad era el copete hablando por mí, y así continué sugiriéndole que se relajara, ¡Si hasta una canción de cuna le canté! Y apenas lo escuché roncando abrí el mueble donde guardo mis cachureos, saqué un frasco de “La Gotita” y, ocupando todo lo aprendido en mis talleres de Artes Manuales, le tomé la corneta y se la pegué a la guata. En ese momento no medí las consecuencias de lo que hice, pero cuando caché en la mañana que el pobre flaco se levantó al baño y, segundos después, lo escuché gritando porque se estaba meando la pera, puta… ahí me vino el cargo de conciencia.

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