09 May

Capítulo 48: La cita con la Coni.

La Coni fue mi polola en aquellos locos primeros años de universidad. En ese tiempo andaba metida en su volá de “estudiante de sicología súper culta e intelectual”, así que mantener una conversación simétrica con ella se hacía casi imposible, todos le parecían inferiores y, lo que es peor, creía que el mundo necesitaba imperativamente de su sabiduría, consejos y análisis para funcionar mejor. Terminamos en el lejano 2005 gracias a que no pudo soportar la ranciedad de mi viejo y, desde ese momento, nunca más la vi en persona. De vez en cuando uno que otro amigo en común me cuenta novedades de ella: que se volvió vegana apenas salió de la universidad, que fundó un movimiento feminista, que se tiñó el pelo rojo y se rapó el lado izquierdo de la cabeza, que tuvo una relación lésbica durante un par de meses con una colega y, en fin, tantas historias que nunca logré confirmar, pero que deben ser más que ciertas.

Lo más cercano que he estado de la Coni en el último tiempo fue cuando me mandó saludos con mi padre, quien acudió a su consulta para superar el trauma de haberse quedado atrapado en el clandestino del chico Maicol durante una semana. En aquella ocasión no supe mayores detalles de su vida porque mi viejo, fiel a su estilo, se limitó a decirme que seguía rica, nada más… Y bueno, hace un par de días la llamé luego de notar que heredé algunas malas costumbres de mi progenitor, las cuales están saliendo paulatinamente a flote, por lo mismo requería de sus servicios como sicóloga y le dije, en pocas palabras, que en el último tiempo andaba en extremo caliente y que me diera una cita cuanto antes. Ella me contestó de forma escueta, señaló que fuera a su departamento a eso de las 11 de la noche de ayer, y luego cortó. Después de reflexionar un día entero llegué a pensar que entendió mal el motivo de mi futura visita, así que anoche, a eso de las 9, marqué su número con la intención de aclarar una posible confusión.

– Hola Coni, yo de nuevo.
– Lo sé… aún recuerdo tu voz Matías, ¿Qué pasó? ¿Acaso te arrepentiste de venir a nuestra cita? – Me preguntó con voz coquetona.
– No, no, no te confundas… sólo quería consultarte algo, ¿Qué entendiste tú cuando te pedí “una cita”?
– ¡Ay Matías, tontito! ¿Qué más voy a entender? Que nos juntemos…
– ¿Y qué más?
– Que conversemos, recordemos viejos tiempos…
– ¿Y qué más Coni? Sé clara.
– ¡Ay, pero qué osado Matías! ¡Me gustas así, bien rudo! ¡Roar! Bueno, las cosas que se hacen en las citas pues, nos tomamos un traguito, nos volvemos locos… y después, como diría Piaget, veré en qué nivel de crecimiento está tu niño.
– Pero… pero, es que… eso no me lo veía venir… ¿Significa que vamos a volver?
– ¡Ay Matías! Pasaste de hablar como un macho a comportarte como un niño de un segundo a otro… No, no significa nada, sólo que últimamente ando tan fogosa como tú, me he sentido algo sola desde que terminé con mi prometido, así que me haría bien un poco de compañía masculina, no sé si me captas.
– Entonces… eso significa que…
– ¡Puta Matías! Significa que tienes que venir y afilarme bien afilada, y si no vienes me afilaré a otro, y si ese otro no viene buscaré a otro más que me haga la cochiná, el punto es que quiero pegarme un buen polvo porque soy libre, linda y loca, ¿Estamos? No des más la lata y apúrate, te estaré esperando, recuérdalo, 11 de la noche… si me fallas, tú te lo pierdes.

Me quedé congelado, no sabía qué hacer… por un lado quería dejar de ser como mi padre, y por otro tenía a la Coni en bandeja esperando un polvo casual, ¿Y qué pasaba si me enamoraba de ella otra vez? ¿Qué iba a hacer si, al reencontrármela, me florecían todos aquellos sentimientos que olvidé hace tanto tiempo y me volvía un zombie nuevamente a su lado? ¿Y qué tal si esta vez todo funcionaba a la perfección, y nos convertíamos en una pareja estable y feliz? Pensé en todas las opciones durante varios minutos, hasta que el culpable de todos mis males me interrumpió.

– ¿Qué pasa Mati hueón? ¿Estay pensando en tu pololo?
– No viejo… y no me hueí, mira que tengo un problema.
– Ya, se viene un nuevo capítulo de “El llorón del Mati en acción”… espérame un poco, iré a prepararme una piscola y te pongo oreja, ¿Querí que te traiga algo?
– Bueno viejo, ya que lo dices… creo que necesito relajarme, ¿Me prepararías un té verde endulzado con stevia por favor?
– ¿Un té verde endulzado con stevia? ¿Y no querí que te lo traiga en una tacita de Hello Kitty también maricueca?
– Puta ya, tráeme una piscola entonces.
– Ya la tengo servida, toma… ¡Y sin darle puros besitos Mati hueón! Chupa con ganas, así te desahogai con el alma.
– Ya viejo… lo que pasa, es que estoy así por la Coni.
– ¿La Coni, tu ex? ¿La rajona que se las da de sicóloga?
– ¡No le digas así! Está pasando por un mal momento, rompió con su prometido hace poco y… me dijo que fuera a su casa en un rato más.
– ¿Y qué estay haciendo acá Mati hueón? ¡Partiste a lavarte las presas!
– Es que no es tan simple… me dio a entender que sólo quiere a un hueón para pasar el rato, sexo casual una vez y después si te he visto no me acuerdo.
– ¿En serio? ¿Sin compromisos entonces?
– La dura viejo, poco menos me dijo que se afilaría a cualquier hueón que tuviera al frente, que le daba lo mismo, sólo quería tener un pedazo de carne en su interior, ¿Tú que opinai? Si igual la conociste a fondo hace poco, ¿Creí que deba visitarla?
– Eh, ¿Ah? ¿Yo? Ah, sí, no, yo creo que no Mati hueón, tení que alejarte de una mina así, quédate acostado mejor, no te conviene, no, para nada, te merecí a alguien mejor.
– Pero viejo, ¿Para dónde vas? ¿Por qué te estás abrigando?
– ¿Quién? Ah, yo, sí, es que me dio frío, por eso… pero como te digo, no, no te conviene, ¿En serio dijo eso de que se culearía al primer hueón que se le atraviese? ¡Qué feo! Me parece muy mal, en serio muy mal.
– Pero viejo, ¿Qué onda? ¿Vas a salir? ¿Por qué te estás perfumando?
– ¿Yo? ¡Ah! Es que quedé en ir donde el flaco Lucho, y tú sabes, tengo que dar buena impresión.
– Bueno, déjame hablando solo no más…
– ¡Está bien! Y para que veas que soy buen padre, te daré el honor de quedarte cuidando la casa. Duerme en mi cama si quieres, las sábanas están un poco tiesas, pero esas asperezas sirven para rascarse la espalda en la noche.
– Puta viejo, ¿Pero estai seguro de que no tengo que ir?
– ¡Segurísimo po Mati hueón, ni se te ocurra aparecerte por allá! Si esa mina es muy puta pa voh, ¿O acaso no confiai en mí? ¿Cuándo me he equivocado? Deja que se la afile otro hueón esta noche, ella no te merece.
– Gracias viejo, en serio tus palabras me hacen ver las cosas como realmente son… Llamaré al tiro a la Coni para decirle que no iré y que se vaya a la chucha.
– No te preocupes, yo le digo.
– ¿Ah? ¿Qué dijiste? Habla más fuerte, ¿Entendí “yo le digo”, o fue idea mía?
– ¡Nada que ver Mati hueón! Deberíai ver a algún sicólogo, estay escuchando hueás ya…
– Bueno viejo, disculpa… nos vemos entonces, y que no se te pase la mano con el copete.
– No, cómo se te ocurre, si yo he cambiado mucho, no soy el viejo rancio que era antes… Y cambiando un poco de tema, ¿Tení condones a mano? Es que el flaco Lucho trajo a una cabra nueva y…
– ¿Y qué sacai, si no podí afilar? ¿O acaso olvidaste lo de tus quemaduras?
– Los médicos mienten Matías, nunca confíes en los médicos… Y si me pasa cualquier cosa, tengo a mi cabro para que me eche cremitas, ¿O no campeón?
– Supongo…
– Aunque, por si las moscas, ¿Me podí prestar unas luquitas? Tú sabes, por si se me cae la pichula a pedazos y me tengo que volver en taxi, ¿Qué dices?
– ¿En taxi desde el clandestino del flaco Lucho? Pero si está acá al lado…
– Puta que erí mal hijo Mati hueón, ¡Siempre inventando hueás para no ayudarme! ¡Ya no más, si me pasa algo tú serás el responsable!

Igual me dejó cagado de onda el viejo, va a ser medio día y aún no llega… espero que no sea por algo que le dije.

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