09 May

Capítulo 49: El bistec.

– Puta viejo, me teníai preocupado, el flaco Lucho me dijo que nunca fuiste a su local, ¿Dónde chucha andabai metido?
– No me hables así Matías… no comprendes el dolor que siento en este momento…
– ¿Ah sí? ¿Y por qué tanto dolor, si se puede saber?
– Vengo de un entierro…
– ¿De un entierro? Chuta viejo, discúlpame, ya estaba pensando mal de ti, en serio lo siento.
– Y vieras como lo siento yo… sufrí tanto que se me llegó a descascarar la corneta.
– No me hueí con que te tengo que echar cremas de nuevo, el médico ya me dijo que podíai aplicártelas tú solito.
– No te preocupí si no estoy ni ahí con las cremas, lo que necesito urgente es meter la diuca en algo frío… ¿Por qué no me vai a comprar un pollo entero congelado? Dile al carnicero que es para prepararlo relleno…
– Viejo, esa hueá sería necrofilia y zoofilia a la vez, superarías tus propios límites, así que ni cagando.
– Puta que erí cartucho Mati hueón, ¿Y un bistec puede ser?
– Es lo mismo, sigue siendo inmoral.
– ¿Y cómo tu mamá te ponía bistecs helados en la cara cuando te sacabai la chucha en bicicleta? Ahí no reclamabai nada po.
– No tiene nada que ver una cosa con la otra.
– ¿Te conté que cuando joven atendí la carnicería de un tío, y ahí conquisté a tu mamá?
– No, nunca me contaste, ¿Pero qué tiene que ver eso con lo que estábamos hablando?
– Es que recordé que tu mamá iba cada lunes y jueves a comprar un bistec, y yo siempre la esperaba con él empaquetado, listo para llevar.
– Me parece un lindo gesto, veo que eras un romántico.
– Sí, mi tío me decía que el secreto para enamorar a las niñas lindas era correrse su buena paja con un bistec enrollado en la corneta y después vendérselo a la mina que te gustaba.
– Puta la hueá viejo…
– Y, como yo era caliente, le vendía bistecs moqueados a todas las cabras del barrio, pero tu madre fue la única que me volvió loco, sobre todo cuando me dijo “¡Estos bistecs tienen un sabor que me encanta! ¡Comería de lo mismo todos los días!”.
– Viejo, la hueá asquerosa.
– Mejor no te quejí tanto, mira que cuando con la bruja estábamos apunto de separarnos le volví a hacer esa preparación especial, y quizás en más de una ocasión te salió un trozo premiado… entre vuelta y vuelta en el sartén los bistecs se confundían, tú cachai, era como jugar a la ruleta rusa la hueá.
– Viejo…
– ¿Qué pasa Mati?
– Erí un chancho culiao.
– Matías…
– ¿Qué?
– Igual me culié a la Coni.

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