09 May

Capítulo 53: La fabulosa nueva vida del pelao Ulises.

Apenas despertó, el pelao Ulises me comenzó a catetear para que lo llevara de shopping a una ferretería. Había abandonado su estilo punk hace muchos años por mandato de la Mimí, su esposa, pero ahora, que buscaba imperativamente retomar su identidad original, necesitaba comprar “ropa” y “accesorios” nuevos (entiéndase como algunos metros de alambre de púas, alfileres, clavos, tornillos, cadenas, candados y cualquier otra hueá que ahuyentara a la gente). Debido a que a veces soy una persona pudorosa, le dije al pelao que ni cagando iba a pasearme junto a él con esa pinta, y no es que desprecie la diversidad de estilos, es que… ¡Puta, el pelao se veía muy charcha po! Si con suerte tiene unas motas de pelo colorido sobre sus orejas y le da con levantárselas con un poco de laca para hacerse algo “parecido” a un mohicano. Insisto, verlo era lo más similar a cruzarse con un pavo real con tiña intentando alzar las plumas.

– Oye pelao – le dije – ¿Y voh no pensai ir a trabajar?
– No estoy ni ahí con la empresa hermano, desde hoy viviré de mi arte…
– ¿De qué arte me estai hablando pelao hueón? ¡Si voh erí más ñurdo que la chucha!
– ¿Ah sí? – Me preguntó mientras sacaba de su bolsillo un puñado de monedas – ¿Entonces cómo te explicai esto? ¿Ah?
– Puta pelao, no me digai que andai macheteando por favor… en serio, estai muy viejo para eso.
– ¿Cómo voy a andar macheteando, hueón mal hablado? Esto, pa que voh sepai, me lo gané actuando, ¿Me entendí o no? ¡Ac-tuan-do!
– ¿Actuando? ¿Y desde cuándo actuai pelao?
– Desde ayer po, ¿Y qué tanto? Me andaba paseando por el centro y unas viejas pensaron que me habían mechoneado… y puta, les seguí la corriente po, ¿Cuál es el problema? Incluso les dije que me vine desde el norte a estudiar, que sólo quería recuperar mi ropa para ir a comer algo, que tenía miedo… ¡Las viejas estaban al borde del llanto Mati hueón! Jajajaja, y más pena les dio cuando les expliqué que no era pelao, sino que me habían rapao los cabros maldadosos de segundo.
– O sea, ¿Me vai a pagar el arriendo con puras moneas de cien pesos?
– ¿Pagar el arriendo? ¿Qué onda? ¿Me estay diciendo que me vai a cobrar?
– Pero pelao…
– ¿Me vai a cobrar en estos momentos difíciles? ¿A mí, a tu amigo? Puta que eres mala clase Matías.
– Mi viejo te dijo que te hicieras la víctima para no pagarme, ¿Cierto?
– ¿Y cómo supiste?

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