09 May

Capítulo 54: Previa a la llegada de Tomás.

Anoche recibí una llamada del flaco Lucho. Me pidió que fuera de inmediato a su clandestino, “tu papá chupó demasiado y está actuando extraño”, me aseguró, así que me levanté, llamé a un radiotaxi, tomé unas pocas lucas y le pedí al pelao Ulises que me acompañara.

– No hueí Mati – fue su rápida respuesta – tomé pilsen toda la tarde y me siento pa la corneta… No carreteaba tantos días seguidos desde antes de casarme… Oh conchemimare, ¿Así se siente ser viejo? Esta hueá es terrible.
– Yo te lo advertí pelao Ulises, ya no estamos para estos trotes.
– Matías, ¿Otra vez con lo mismo? Te dije que no me dijera más “Pelao Ulises”, ese hueón murió, ahora soy el “Punk Pealao”, ¿Cachai? “Punk Pelao”, así como “Pan Pelao”, esa es mi chapa, mi identidad, mi insignia, ¿Entendí o no? ¿Qué? ¿Por qué me mirai así?
– Por nada hueón oh… y puta pelao, no seai mal amigo, ¿Me vai a acompañar o no?
– Di las palabras mágicas.
– Por favor…
– Las otras palabras mágicas, Matías.
– Puta la hueá… por favor… don Punk Pelao…
– ¡Por ahí te creo! Ya, espérame un poco, me pondré mis accesorios y vamos.

A las dos horas llegamos donde el flaco Lucho. Golpeamos el portón de su local y nos recibió su esposa.

– ¿Qué es esa hueá Come Quesillo? – Me preguntó sin siquiera saludarnos.
– ¿Qué hueá? ¡Ah! ¡Esta hueá! Puta, responde al nombre de Punk Pelao, un amigo, vino el año pasado al clandestino, ¿Se acuerda? Aunque se veía un poco distinto en aquella ocasión.
– ¿Y qué chucha le pasó? ¿Lo mechonearon o se lo culeó un pavo real?
– No señora – respondió el pelao – yo soy punky, ¿Vio? Y ahora estoy disfrutando de la libertad, dejé a mi esposa y me fui a vivir con el Matías, ¿Cierto Mati? Cuéntale po, dile que vivimos juntos.
– ¡Te felicito Come Quesillo! – interrumpió la esposa del flaco Lucho – no tenía idea de que estabai viviendo con la Raquelita hueón, en serio te felicito, al fin te hiciste hombre.
– ¿Qué? ¿Me dijo Raquelita a mí? – Comenzó a reclamar el pelao – Mati hueón, ¿Esta señora me puso Raquelita? ¡Yo no me creo punky, yo soy punky! ¡Mire, si tengo un candado en la oreja, mire, tóquelo, cuidado con la costra!
– Ya Raquelita, no te pongai polémica – replicó la vieja – mira que puede venir SQP a grabarte si ven que estay hueviando mucho.

El pelao quedó mudo, se le fue la rudeza a la cresta y no le quedó otra que agachar el moño. Le pedí a la señora del flaco que nos dejara pasar, y nos dijo que fuéramos al living, que ahí me estaban esperando. Al llegar al lugar indicado me encontré con el flaco Lucho muy campante sentado junto a mi viejo, conversaban amenamente acompañados sólo por una botella de pisco. La escena era extraña, jamás los había visto tomar tan compuestitos, y menos fuera del clandestino. Apenas nos vieron entrar se pusieron de pie para saludarnos y, educadamente, nos ofrecieron asiento.

– ¿Qué onda don Luís? – Le dije antes de sentarme – Se supone que a mi viejo le pasaba algo, por eso vine.
– ¿A tu viejo? ¡Ah, sí! – Me respondió – Era mentira Come Quesillo, lo sentimos, es que queríamos invitarte a celebrar, y pensamos que no te levantarías por las puras… así que se nos ocurrió meterte algo de miedo… ¿Y qué hueá? ¿Por qué viniste con plumero?
– ¿Qué plumero? ¡Ah, éste! No, es mi amigo, el que dejó la cagá en su clandestino el año pasado, ¿Se acuerda?
– Ah sí, el ahueonao… ¿Cómo era que se llamaba?
– Dígale Raquelita, así le gusta.
– ¡Puta Mati culiao! – Reclamo el Raquelita.
– Bueno, ¿Y qué estamos celebrando? – Pregunté.
– Aún nada – respondió mi viejo – estamos haciendo una previa no más.
– ¿Previa para qué?
– ¿Acaso no te acordai Come Quesillo? – Me respondió el flaco Lucho – En un par de horas llega mi hijo desde Punta Arenas, y haremos una tomatera enorme para darle la bienvenida, sólo nosotros, encerrados por horas, ¿Qué te parece?
– ¿Te acordai de él Mati hueón? – Me consultó mi viejo – La Gonzala Cáceres po, ¿Te acordai?
– Te he dicho mil veces que no le pongai sobrenombres a mi hijo hueón – le dijo el flaco Lucho a mi viejo – Y bueno Come Quesillo, no seai tímido, toma asiento.
– No gracias don Lucho, recordé recién que tenemos algo que hacer con mi amigo, ¿Cierto Raquelita, cierto que nos tenemos que ir?
– Yo no me quiero ir – respondió el Raquelita – si hay copete gratis, me quedo.
– En serio Matías – me dijo el flaco Lucho casi susurrando – ponte cómodo, aprovecha ahora… mira que después no te vai a poder ni sentar…

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