09 May

Capítulo 55: Pasión, muerte y resurrección.

Yo no sé si será delito esto, pero en sólo un par de días experimenté todo lo que es la pasión, muerte y resurrección de mi dignidad, así tal cual… Dejo mi testimonio para quien desee leerlo y compartirlo con la humanidad, difundan mi palabra y no sigan estos malos ejemplos, a menos que quieran convertirse en rancios consagrados y sin vuelta atrás… Pero bueno, no más cháchara, aquí vamos:

Pasión.

Todo comenzó el pasado 12 de marzo, día en el cual recibí una misteriosa carta desde Punta Arenas. El remitente: Tomás, el hijo del flaco Lucho, quien fue bautizado cariñosamente por mi viejo como “la Gonzala Cáceres”, todo gracias a que salió más mariposón que un mojito virgen de frutilla. A grandes rasgos, en su carta me contaba que descubrió mi blog y que, para no echarme al agua con mis cercanos, me ofrecía dos salidas: o nos aliábamos en un negocio con el objetivo de lucrar con la “marca” Hijo de Tigre o, de otro modo, yo tenía que dejar que me lo pusiera en plena Semana Santa. Corta. Con el tiempo inferí que el flaco Lucho estaba al tanto de esta situación, insistentemente daba a entender que me merecía todo lo que estaba por pasar, aunque se sabía que actuaba de puro picao después de que le pegué su corneta a la guata con La Gotita. En mi defensa, curao no vale, y además se la buscó el flaco hueón, no podía olvidar que el muy chancho me metió un condón con leche condensada por el poto a modo de broma por quedarme dormido en su clandestino… aunque igual entiendo su molestia, después de que le despegaron la diuca de la guata el forrito le quedó igual a la piel de Mauricio Israel y puta, según soltó mi viejo, tenía que maquillársela antes de ponérsela a su señora para que a ésta no le diera asco.

Retomando, el Tomás llegó en algún momento de la madrugada del jueves, y el flaco Lucho tenía preparada una tomatera para darle la bienvenida de inmediato. Los participantes: el ya mencionado dueño de casa, su esposa, mi viejo, el Raquelita (antes conocido como “Pelao Ulises” y, fugazmente, como “Punk Pelao) y quién les habla. La noche estaba tensa, así que para pasar los nervios me tiré unos cortitos de pisco al seco y me fumé la mitad de una cajetilla que mi viejo dejó descansando sobre la mesa de centro… hasta que me pilló y, enfurecido, me dijo que fuéramos a conversar a un rincón.

– Oye Mati hueón, ¿Esos eran mis puchos? ¿Te estabai fumando mis puchos hueón bolsero? ¿Ese es el ejemplo que te he dado yo acaso? ¡Tú siempre con lo mismo Matías! Dime algo po, mínimo me los vai a tener que pagar, me costaron como diez lucas.
– Puta viejo, no me hueí, en serio hoy no me hueí – le dije afligido.
– ¿Qué pasa Matías? ¿Necesitas decirme algo? Sabes que puedes contar con mis consejos cuando los necesites, ¿Cierto?
– ¿En serio viejo? Si es así te lo agradezco mucho, porque de verdad quiero desahogarme… Aunque no puedo dar muchos detalles, sólo te puedo decir que hay un tipo que me lo quiere poner, y bueno… ¿Qué puedo hacer en un caso así?
– Puta Mati hueón, lo que yo te aconsejo es ir al tiro a la farmacia del chico Maicol a comprar vaselina y después, para que no te duela tanto, tienes que ponerte en esta posición, mira, así, con esta patita hacia acá, ¿Ves?
– ¡No po viejo! Ponte de pie, no me refiero a eso.
– ¿Y entonces?
– Puta… ya, te diré… Lo que pasa es que el hijo del flaco Lucho me pilló en algo, ¿Cachai? Y a cambio de su silencio tengo que dejar que me lo coloque, y puta, no quiero po, ¿Qué puedo hacer?
– Fácil po Mati hueón.
– ¿Ah sí?
– Obvio. Él es hijo del Lucho y voh erí hijo mío, eso significa que él se cura rápido y se queda dormido de una y voh, como buen hijo de tigre, tení más aguante, es un asunto de genética, ciencia pura.
– ¿Y eso qué tiene que ver?
– Puta que erí pajarón Mati hueón… Lo que tení que hacer es tomar a la par con él, curarlo hasta que se duerma y, al otro día, contarle que afilaron como conejos, así de fácil.
– Puede funcionar ah….
– ¡Claro que va funcionar! Eso sí, aprovechemos de tomar un poco antes de que llegue la Gonzala Cáceres, mira que me tinca que es seco para chupar, si sabes a lo que me refiero…

La idea no era mala, si hacía las cosas correctamente podría salvar la virginidad de mi nudo de globo, la Gonzala Cáceres tendría su noche de pasión imaginaria y todos volveríamos felices a nuestras normales vidas, santo remedio.

La Gonzala llegó a eso de las 5 de la mañana. A primera vista parecía un tipo normal, educado y simpático, una imagen alejada del hueón maquiavélico que anteriormente me había demostrado ser. A esa altura de la noche el Raquelita estaba arriba de la pelota poniendo videos Súpernova en Youtube, la esposa del flaco Lucho andaba reclamando porque mi viejo le había agarrado el culo y el flaco, ni ahí con nada, estaba a punto de quedarse dormido sentado en un sillón demasiado grande para él. Para animar la fiesta, la Gonzala sacó un montón de licores que nos trajo de regalo desde Punta Arenas, y en la borrachera se me olvidó toda la hueá del plan y me puse a tomar como condenado. Del resto de la velada sólo tengo algunos flashes: mi padre bailando un tema de Miranda sobre la mesa del comedor, yo cantando karaoke abrazado del Raquelita, la Gonzala Cáceres pintándole la cara a su viejo por haberse quedado dormido, y tantas cagás más que ni siquiera recuerdo. A eso del medio día entramos al clandestino para sacar más copete mientras la Gonzala se entretenía cocinándonos algo para reponer la caña y así poder seguir hueviando. Más tarde el flaco Lucho despertó, por lo que fuimos en patota a darnos un tour por el centro, nos tomamos unas pilsens en el bandejón de la Alameda y, cuando ya el cuerpo no daba más, la Gonzala se rajó con unas pastillas para subirnos el ánimo. Sospechosa la hueá en todo caso, desde ese momento todos nos volvimos locos, fuimos a dejar al flaco Lucho todo meado a su casa, la señora comenzó a tratarnos de borrachos culiaos y, de forma unánime, votamos por ir a mi departamento para seguir gozando de una noche llena de risas, euforia y mucha diversión.

Muerte.

Pese a todos los pronósticos, al llegar a mi departamento se nos echó la yegua de inmediato, mi viejo se encerró en mi closet a dormir (“pondré el culo pegao a la pared por si las moscas”, me aseguró antes de dar un portazo para que lo dejara tranquilo), y el Raquelita se tiró en mi cama llorando porque extrañaba a su señora (“no se te ocurra dormir con la puerta abierta”, le dije, “mira que el papá de este hueón fue el que me chantó un condón con leche condensada en el culo por quedarme raja antes que él”). En un intento diplomático por resolver nuestras posibles diferencias me dirigí al sillón en el cual descansaba el Tomás, quien lucía tan sobrio como cuando llegó a Santiago.

– Tienes harto aguante tú ah – le dije sorprendido – hemos tomado desde anoche y luces como si fueras inmune al copete.
– ¿Inmune al copete yo? Jajaja, olvídalo niño, nada que ver, si yo no tomo.
– ¿Cómo que no tomai?
– No tomo po, si yo me cuido, mírame, no tengo ni una gota de grasa, mira, toca, toca acá.
– ¡Pero cómo! Si estuviste todo el rato chupando con nosotros, yo te vi…
– ¡Ah! Pero eso que tomé era agüita con limón y hielo, para refrescar la garganta, mira que la uso mucho…
– ¿Y todo el copete que trajiste?
– Regalo para ustedes po Matías, si tan roto no soy.
– Conchesumadre…
– Y bueno Matías, ya que estamos acá, te recuerdo que tú y yo tenemos un tema pendiente.
– Puta Tomás hueón, no sé qué decirte, mi blog lo uso para entretenerme, si no fuera así perdería el sentido, y por otra parte no dejaré que me lo pongas, ni hueón, cómo se te ocurre.
– A ver Matías, ¿Tú piensas que yo te voy a obligar a hacer algo que no quieres? ¿Qué clase de persona crees que soy?
– ¿Hablas en serio? Yo pensé que…
– Piensas mucho, lindo, al parecer a veces eres más hueón que tu papito.
– ¡Puta Tomás! Entonces ven para acá, déjame darte un abrazo, ¡Qué felicidad hueón, en serio! Y tómate un copete conmigo, dale, uno que sea, no te pasará nada.
– A ver… ¡Bueno ya! Pero sólo uno, mira que me vuelvo loca rapidito.
– Sí obvio, sólo uno, toma, una piscola para ti, otra piscola para mí, ¡Y al seco!
– ¡Uy que está fuerte este hueá! Pero me gustó, ¡Dale, vamos por otra!
– Oh, la cagaste, se te enredó la lengua al toque, ¡Pero qué chuchás, sigamos!
– Creo que me emboraché, jijiji, así que cuídate, mira que entre más desinhibida más fácil soy… así que, si cambias de opinión, sólo envíame una señal…
– ¿Cambiar de opinión? Jajaja, ¿Con respecto a qué? ¿A lo del blog, o a lo de ponérmelo?
– A lo que tú quieras lindo, a lo que tú quieras.

Y eso fue lo último que escuché antes de ir corriendo al baño para encerrarme a vomitar.

Resurrección.

Toda la noche soñé que estaba en mi cama, cómodo, plácido, frotando mis cálidas mejillas en la almohada regalona que me dio mi vieja, pero nada de eso, en realidad dormí en el baño, tapado con una toalla y, en volá de curao, saqué la bolsa con papeles higiénicos cagados del basurero para usarla como almohada. Apenas me miré al espejo noté que tenía la cara llena de confort con mierda seca pegado a la frente, y cuando me los sacaba sonaba un “switsh” igual al sonido que nace cuando quitas una tira de scotch que está pegada a una bolsa. Luego de lavarme el rostro con cloro me dirigí al living, pero no encontré a nadie, no habían rastros del Tomás por ningún lado, pero al parecer se encargó de dejar todo ordenado y la loza lavada. Buena onda el hueón, me equivoqué al prejuzgarlo, pensé antes de ir a despertar a mi viejo y al Raquelita, quienes continuaban durmiendo a pata suelta y hediondos a copete.
– Puta Raquelita hueón, ¿Por qué dormiste con mi pijama? Lo dejaste lleno de tintura saco e´hueas, mira.
– Oh Matías culiao – respondió el Raquelita – no sé qué chucha pasó anoche, se me apagó la tele brígido.
– ¿Y la Gonzala Cáceres? – Preguntó mi viejo – ¿Te afiló o no te afiló?
– No viejo, pero no gracias a tu plan. Resultó que el Tomás es muy distinto a su papá, es mejor persona, decente y…
– ¡Por la conchesumare! – Me interrumpió el Raquelita metiendo su mano por la parte trasera del pijama – ¡Mira po Mati hueón! ¿Cómo que distinto a su papá? El hueón se aprovechó de que me quedó dormido para hacerme la misma broma que te hizo el flaco Lucho a voh po, ¡Puta el culiao pesao!
– ¿A qué te referí pelao?
– ¡Mira po! El hueón me metió un condón lleno de leche condensada por el poto, ¡Ni siquiera tuvo la creatividad suficiente como para hacerme una broma distinta el hueón fome! ¡No po, tuvo que meterse a tu pieza, sacar uno de tus condones y gastar de tu leche condensada para reírse de mí el feo culiao!
– Pero pelao… – Le dije.
– ¿Qué hueá?
– Acá en el departamento no tengo condones… ni menos leche condensada.

 

 

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