09 May

Capítulo 57: El caso “boletas”.

La casa de mi viejo está rodeada por cuadras y cuadras de tiendas truchas que funcionan como fachada para comercializar “algo más”, ¿Se entiende? Tenemos, por ejemplo, la verdulería de la señora Tita, ¡No encontrai ni una lechuga en esa hueá de negocio! Los pocos tomates que tiene como adornos en un cajón ya cobraron vida propia de tantos hongos que les salieron, pero igual le va bien a la vieja porque, a falta de cilantro, se ha encargado de cosechar una cepa de marihuana cultivada a su pinta que te asegura una pálida casi inmediata; Otro caso emblemático es el de don Manolo, se supone que el viejo hace masajes a domicilio, pero en realidad lo contratan las viejas más necesitadas del barrio para que las masajee por dentro, ¡Y puta! Qué decir del flaco Lucho, con raja tiene patente de botillería y, no conforme con poner un simple e ilegal clandestino, comenzó a trabajar con putas indocumentadas y a vender paquetes turísticos para recorrer boliches rancios, aunque la guinda de la torta la puso cuando formó una red de microtráfico de charqui – de sólo dios sabe qué animal – con unos huasos de Villa Alegre que en sus años mozos fueron colaboradores de la DINA.

Hoy en la mañana el chico Maicol (dueño de la farmacia-clandestino más rancia de Chile) pasó el soplo de que unos fiscalizadores del Servicio de Impuestos Internos andaban aguja revisando boletas, facturas y cuanta hueá se les ocurriera, así que todos los negociantes tránsfugos andan con el culo a dos manos arreglando cuentas y falseando documentos. El más cagao de todos es, era que no, el ya mencionado flaco Lucho, de una pura ojeada que le pusimos a sus boletas nos dimos cuenta que las ocupa para puro dibujar pichulas y escribirle mensajes obscenos a su señora, incluso de repente mi viejo las usa como servilletas o, care´ palo, para limpiarse la raja cuando se acababa el papel de diario que usan en el baño del clandestino como confort. Obviamente, lo primero que se le vino a la cabeza al flaco fue coimear a los fiscalizadores, por lo mismo organizó una recolección de fondos exprés con los parroquianos más fieles de su clandestino, pero lo mandaron a la cresta en dos tiempos, “la plata es para chupar po flaco Lucho”, le dijeron, “no pa ayudarte a voh, que más encima te hemos cachado que le echai agua al pisco últimamente”. Luego de analizar su actual situación junto al desquiciado de su hijo y a la lunática de su esposa, el flaco nos reunió en las afueras de su local para darnos el comunicado oficial de una noticia que no vimos venir: “Borrachos míos: a partir de hoy ordenaré mi vida y cumpliré con la ley a cabalidad. Por lo mismo, lamento informar que, desde este mismo instante, en mi botillería sólo se venderá copete, ¡El clandestino se cierra para siempre! ¿Y las putas? Las putas se devolverán a los países de los cuales vinieron… si es que tienen plata para los pasajes, claro”. Nunca había visto a mi viejo llorar, pero siempre hay una primera vez para todo.

– Tranquilo viejo, cálmate… ni siquiera cuando estuve al borde de la muerte lloraste…
– Es que… es que Mati hueón, acá el flaco me fiaba po, me dejaba tomar hasta desmayarme y al final la cuenta siempre me la terminabai pagando voh, ¿Quién me va a aguantar ahora? ¿Quién me va a afirmar el pelo cuando vomite? ¿Ah?
– Puta, no sé po viejo, pero intenta dar vuelta la página, en una de esas ésta es una señal para que cambies tu vida…
– No importa Matías, tendré que empezar a ir a otro local no más… aunque me quede más lejos, aunque me salga más caro…
– ¿Ah sí? ¿Ahora irás donde el chico Maicol?
– No, es muy fome ese hueón.
– ¿Y entonces?
– No es nada del otro mundo… es un barcito con el que se instaló hace poco una vieja amiga que no veo hace tiempo… ¿Te acordai de la hermana Luna?

Comentarios

Comentarios