09 May

Capítulo 60: El retorno de la hermana Luna.

Luego de separarse de mi santa madre, la primera pareja “estable” de mi viejo fue la hermana Luna. Aquellos resultaron ser meses extraños, la hermana convirtió a mi padre en un fanático religioso deseoso de casarse para no afilar en pecado y lo obligó a unirse a una secta conformada sólo por putas arrepentidas y pasteros rehabilitados. Al final, mi viejo dejó a la Luna cuando se pegó el cacho de que no podía esperar al matrimonio para remojar el cochayuyo, ella volvió a sus antiguas andanzas al descubrirse que toda su veta religiosa no era más que una estafa para sacarles plata a los feligreses más crédulos de su secta y, gracias a todo lo robado, se instaló con un puticlub en Renca con temática religiosa y atendido únicamente por bataclanas disfrazadas de monjas. Hace algún tiempo noté que volvieron a comunicarse por medio de Facebook, espantado le dije a mi viejo que ni cagando se le ocurriera juntarse con ella nuevamente, “obvio que no po Mati hueón”, me respondió haciéndose el ofendido, “aún no se me regenera del todo la piel quemada de la corneta, ¿Pa qué me voi a juntar con la Luna? ¿Pa conversar acaso?”. Qué más podía decir, el viejo tenía sus motivos claros, pero ahora, y por culpa de que el flaco Lucho cerró definitivamente su clandestino, a este curagüilla no le quedó otra que ir donde su casi ex-esposa a pedirle que le abriera una cuenta de cliente frecuente en su templo de la ranciedad. Esto sucedió hace dos días, partió con lo puesto y dejó el celular en la casa para que no lo molestara nadie, por lo mismo la preocupación me la ganó y decidí ir a rescatarlo con los pocos datos que tenía sobre el local de la Luna. Igual no fue tan difícil dar con él: le pregunté a un kioskero por “una hueá que parece iglesia, pero que pasa llena de borrachos y maracas”, y me nombró como 30 lugares santos diferentes; luego fui más específico “las monjas que ahí viven no son tan… castas que digamos, ¿Me entiende?”, y me volvió a nombrar los mismos 30 lugares; ya aburrido, le expliqué que se trataba de una casa de putas, que la dueña se llamaba Luna y que, según me contó mi viejo, hacía unos mamones que te dejaban las hueas deshidratadas, “¡Ah! ¡Usted me está preguntando por el templo donde le prenden velitas a la pichula!”, me respondió, “¡Hable claro pue joven! Mire, vaya donde ese taxista y dígale que va al “Misterio Gozoso”, así se llama aquel antro, pero tenga cuidado con esas minas, las malas lenguas cuentan que tienen todas las plagas de Egipto metidas entre medio de las piernas”. Finoli. Y bueno, luego de muchas vueltas llegué a la tierra prometida, le pregunté al guardia por el precio de la entrada y éste me respondió “el 1% de su sueldo. Con cover”. El lugar realmente parecía una iglesia abandonada, aunque las diferencias eran muchas y más que obvias, partiendo por las formas de las cruces y las intenciones de las “hermanas” al arrodillarse, y al fondo, sobre lo que vendría siendo el altar, estaba mi viejo bailando con la hermana Luna y cantando una canción de Jesucristo Superstar en versión cumbia.

– ¿Qué estai haciendo viejo por la chucha?
– ¡Buena po Matías hueón! ¿Te acordai de la Luna? ¡Mira, acá está!
– Sí, si me acuerdo perfectamente de esta loca de mierda, ¿Cómo le va hermana Luna?
– Bien , ¿Y a voh guacho culiao? – Me respondió mascando chicle con la boca abierta.
– Aquí, buscando a mi taita, ¿Viejo, nos vamos?
– Calmao Matías, ¿No veí acaso que estamos ensayando la primera Ópera Pachanguera de Chile?
– Viejo, sé que estás choqueado por lo del cierre del clandestino del flaco Lucho, pero esto es demasiado…
– ¿Qué hueá? ¿El Lucho cerró el clandesta? – Me interrumpió la Luna.
– ¿No te había contado? – Le respondió mi viejo – Sí po, cerró el hueón porque lo iban a pillar lueguito.
– ¡Pero corazón! – Le dijo la Luna – ¡Es una noticia caída del cielo! ¿Te dai cuenta de la cantidad de borrachos de tu barrio que se quedaron sin un lugar donde ir a chupar?
– ¿Y qué tengo que ver yo con esos curaos? – Consultó mi viejo.
– ¡Está la mano po guachito! ¡Pongámonos con un clandestino en tu casa! Yo tengo cualquier rebaja en copete, les hago el trombón oxidado a todos los distribuidores, así que me iría a vivir contigo y le damos con tutti.
– ¿Un clandestino en la casa de mi viejo? – Me metí – ¡No, ni cagando! Viejo, ni siquiera lo pienses, no tienes experiencia en los negocios, además te tomaríai todo el copete tú solo… y puta, ¡No tienes espacio ni para poner una mesa extra po! No, es imposible, no hay dónde…
– ¿Cómo que no hueoncito? – me dijo la Luna – En la que era tu pieza po, si voh ya erí peluo y te fuiste a vivir solo hace rato.
– Puta papá, no me digai que me vai a pedir que saque mis cosas de ese cuarto.
– Matías… déjate de llorar, llama a un radiotaxi y llévame a la casa por favor.
– ¿Pero qué onda? ¿Qué vai a hacer?
– ¿Cómo que qué voy a hacer? ¡Pasar a buscar a todos los cabros po! ¡Hoy en la noche tenemos inauguración!

 

 

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