09 May

Capítulo 61: Nómade.

Desde la separación de mis viejos he sido una especie de nómade que deambula entre la esplendorosa casa de mi mami y el caótico cuchitril de mi papi. En un principio, mi estadía en uno u otro lugar dependía exclusivamente de los estados anímicos de mis padres: si ella andaba fogosa y necesitada de un fin de semana lujurioso junto a mi tío Pato, me mandaba donde mi viejo; si él quería chupar hasta terminar cagando sangre o, discretamente, llevarse a la cama a alguna conquista demasiado rancia incluso para su realidad, me mandaba de vuelta donde mi vieja, y así me la pasé rebotando de allá para acá hasta que me decidí por la independencia y me busqué un pequeño departamento en Santiago Centro, aunque sin desalojar las dos piezas que, esta vez, yo aprovecharía según mi estado anímico: si quería descansar, comer bien o jotearme a alguna familiar del tío Pato, para donde mi vieja partía; si pretendía mandarme alguna cagá o hacer lo que quisiera sin que nadie cuestionara mi comportamiento, el techo de mi viejo era la mejor opción, así de pulenta ha sido mi existencia, vivir en esas condiciones es lo más parecido a habitar en tres mundos totalmente opuestos: en mi departamento tengo mis libros y discos favoritos, algunas hueás de la pega y aquellas cositas esenciales para ser feliz (una Stratocaster y mi viejo Súper Nintendo, básicamente); donde mi vieja guardo todo lo correspondiente a mi faceta de “niño bueno”, como algunos diplomas y harta ropita de colores neutros que me pongo cuando nos visita la abuela (porque si me ve vestido con tonos muy obscuros me trata de satánico, pero si me ve muy colorido me pregunta si tengo pololo), y puta, donde mi viejo está resumido todo mi paso por la edad del pavo y posterior juventud, aquellas épocas de inmadura rebeldía que se ven plasmadas en decenas de posters de películas de clase B y grafitis feos pintados hace más de 10 años por el pelao Ulises… Bueno, eso hasta la tarde del sábado, cuando mi viejo, influenciado por la hermana Luna, me pidió que dejara aquel cuarto libre para instalar un improvisado clandestino, “piensa en todos los curaitos que no tienen donde ir desde que el flaco Lucho cerró”, me dijo mi nueva madrastra para consolarme, “y piensa en la cantidad de plata que les podemos sacar a esos borrachos culiaos, no seai ahueonao”, agregó.

– Viejo, dile algo a la Luna por fa, cómo podí dejar que me trate así.
– Mira Mati hueón, voh ya hay vivido hartos amoríos y yo nunca te he dicho nada, ahora es mi turno para disfrutar de la vida junto a mi antiguo amor, así que no me hueí… Es más, deberías seguir mi ejemplo y volver con tu ex, ¿Cómo era que se llamaba? ¿Coti? ¿Cori? ¿Copi?
– Se llama Coni viejo, y no puedo volver con ella porque te la afilaste hace menos de un mes, ¿Te acuerdas?
– Tú siempre pegado al pasado Matías, ¿Aún no puedes olvidar eso? Da vuelta la página, ¿Cierto Lunita, cierto que el Mati tiene que dar vuelta la página?
– Pero viejo, no me cambies de tema, ¿Qué querí que haga con todas mis cosas?
– Llévalas a tu departamento po, por lo que tengo entendido siempre te ha sobrado una pieza.
– Esa es la pieza en la que está viviendo el pelao Ulises papá, lo sabes.
– ¿Y cuál es el problema? Según me han contado el pelao ahora tiene hueco demás para guardar lo que querai, jajaja, ¿Me entendiste? Porque ahora chutea con las dos piernas, por eso es chistoso.
– Mira, si está bien, me puedo llevar varios cachureos sin problemas, ¿Pero qué hago con mi cama? ¿Y con el velador?
– Ya lo conversamos con la Lunita, ¿Cierto Lunita? Y decidimos conservar tu catre, así que problema solucionado, sólo le chantaremos un trozo de cholguán encima y se convertirá en la mesa del clandestino, ¿Buena idea o no? Y tu velador lo usaremos de basurero, total siempre lo hay ocupado para guardar puras hueás, no cambiará mucho su función.
– Viejo, dentro tenía guardados los dibujos de mi familia que hice en Kínder con palitos de helado y pegamento, no me digai que los botaste.
– ¿Y para qué los dejaste en el basurero po Mati hueón? ¿Acaso creí que soy adivino? ¿Ah? Dime algo po, ¿Pa qué llorai?
– No, si ya no importa… pero viejo, recuérdame algo, ¿Cuándo te dijo el médico que podías volver a ocupar la corneta?
– Me quedan dos semanas no más, justo pa mi cumpleaños, ahí le puedo volver a sacar brillo, ¿Por qué la pregunta? ¿Me vai a empezar a echar cremita de nuevo?
– No, no es por eso… sólo pensaba.
– ¿Ah sí? – Consultó la hermana Luna – ¿Y de cuando pensai voh mate´ hueas?
– No es nada grave tampoco… porque… ¿Cuántos polvos se pega usted al día, Lunita? Le pregunto con todo respeto, no se me espante ¿Ocho, nueve, quince? No quiero ni imaginarme cuando esa planta carnívora que tiene entre medio de las piernas le comience a pedir kilos y kilos de carne cruda… y mi pobre papi sin poder alimentarla…
– ¿A qué querí llegar Mati hueón? – Se metió mi viejo.
– A nada en específico, sólo que no te hagai muchas ilusiones… Hoy en la noche inaugura tu clandestino tranquilo, de seguro vendrán muchos de tus amigos, que son puros viejos calientes dicho sea de paso, se curarán raja, la Luna de seguro también tomará hasta por el hoyo, y te apuesto, ¡Te apuesto! A que a más de alguno le sacudirá el cabeza de papa, ¿O no Lunita? ¿Se lo imagina? Piénselo, esta casa llena de machos con la corneta funcionando correctamente y deseando echar a pelear los meones con usted, ¿Qué le parece? En una de esas, cuando mi viejo se quede dormido, hasta una orgía puede armar, quién sabe, en una tomatera pueden pasar tantas cosas…
– No creo que la Lunita sea capaz de eso, ¿Cierto que no Lunita? ¿Cierto que no? ¿Lunita? ¿Por qué se le cae la baba Lunita? ¿Qué es ese olor? ¿Quién está cocinando pescado? ¿Ah?

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