09 May

Capítulo 62: Nacimiento y entierros de la hermana Luna.

La hermana Luna nació en Valparaíso hace poco menos de 40 años. Según soltó mi viejo, su padre se ganaba la vida cantando boleros en los bares porteños, donde lo apodaron cariñosamente como el “Care´Tula”, debido a sus ojos redondos, cejas frondosas y nariz alargada. De su madre no se sabe mucho, ya que abandonó el hogar cuando la Luna aún era una bebita, todo por seguir a un marino peruano que se teñía el pelo rubio para hacerse pasar por un gringo aventurero. Nunca fue una estudiante destacada ni una ciudadana ejemplar, pero desde lola llamó la atención gracias a su personalidad extrovertida y sus curvas prominentes, ganadas de tanto subir y bajar corriendo los coloridos cerros del puerto. En cuarto medio, y luego de varios amores fugaces y poco relevantes, un compañero de curso al fin logró conquistarla. Se trataba de un buen cabro, esforzado, mateo y dueño de un futuro prometedor. Al egresar le propuso llevársela a Santiago, “viviremos en una casa que mis padres arrendarán para nosotros”, le dijo, “yo me concentraré en sacar mi carrera y tú… bueno, tú te podrías dedicar a las labores de la casa, es mucho lo que tengo que estudiar y necesito a alguien que me cocine, lave mi ropa y ordene mis cosas, no quiero que te preocupes por nada más, yo me encargaré de mantenerte, ¿Está bien?”. En ese entonces la Luna no cuestionó nada, pero con el paso de los meses el aburrimiento y aquella eterna rutina, a la cual no estaba acostumbrada, terminaron por agotar su paciencia. En un arranque de valentía se plantó frente a su novio y, a punta de gritos, expuso su malestar: “¡Yo no soy na una vieja culiá como pa estar todo el día echá rascándome una teta, y tampoco estoy pa ser nana de hueones flojos! ¿Tamos?” fueron sus argumentos más sólidos, así que al hombre no le quedó más remedio que apoyarla y la incentivó a buscar un trabajo digno para que se ganara algunas luquitas, de ese modo podrían ahorrar conjuntamente y, en un futuro no muy lejano, contraer matrimonio. Pero vamos paso a paso, aquella misma tarde la Luna partió a golpear las puertas de diferentes restoranes del centro para que la dejaran, por lo menos, lavar los platos; las esperanzas no eran tantas, en su currículum sobresalía su nula experiencia laboral y, peor aún, ni siquiera tenía un trajecito para dar un aspecto formal en las entrevistas de trabajo que se avecinaban, pero qué importaba, la Luna tenía su personalidad y pensó que ser auténtica sería su mejor carta de presentación, así que se chantó unos ajustados pantalones de cuero, un peto cortísimo y partió con toda la perso. Para su sorpresa, no hubo ni un solo viejo que se negara a contratar a una jovencita con ese tremendo pedazo de raja, y en cada nueva puerta que golpeaba le realizaban una oferta laboral aún mejor a la anterior, “¿Cómo se le ocurre que usted va a lavar platos mijita? ¿Acaso quiere dañar esas manitos suavecitas? Quédese conmigo trabajando de mesera, y si se quiere gastar las manos mejor que sea refregando otra cosita”; “¿Pero cómo va a perder su tiempo atendiendo mesas, mi reina? Usted tiene que estar tras la barra, luciendo ese escote que me tiene la diuca como un fierro”; “¿Pero cómo se le ocurre a ese hueón ofrecerle trabajar tras la barra? ¡Ahí usted no lucirá nunca esas caderas pues guachita! Yo le pago el doble, pero la quiero en la puerta, de minifalda, mostrando los trutros e invitando a la gente a pasar”, y así fue acumulando propuestas hasta que llegó a una que le movió el mundo de inmediato: “Lolita, se la hago corta, con esa cara de puta que usted se gasta yo la puedo dejar trabajando en mi toples y hacerla rica, más rica de lo que ya es, ¿Me entiende? Tampoco tendría que culear tanto que digamos, sólo cuando usted quiera y con quién usted desee, pero déjeme aclararle que el sistema es el siguiente: por cada cliente que le invite un trago, hay bono; por cada cachimba, otro bono; si se sabe alguna acrobacia, traga sables o tira fuego, otro bono; ¿Sabe bailar? Bono; ¿Puede imitar acentos? ¿Colombiana, española, brasileña, francesa? Un bono por cada uno, en resumen, usted mi guacha va a ganar tanta plata que no va a saber qué rechucha hacer con ella, ¿Le tincó? Obvio que sí, se nota que usted es una lolita inteligente, así que le cuento, el sistema es el siguiente: turnos de lunes a viernes, entra a las 8 y sale a las 6, ¿Cómo que “de la mañana o de la tarde”? No sea hueona po mijita, de la tarde… ¿Cómo es eso de que le tiene que consultar a su pololo? Mi reina, casi todas mis trabajadoras son mujeres comprometidas, varias de ellas están casadas, ¿Y usted cree que le andan pidiendo permiso a hueones? ¡No po! Si la que no arriesga no gana, ¿Se fija? Ya, ¿Empieza el lunes entonces? Maravilloso, acá la esperamos. Venga bañadita eso sí, que ducha en el local no tenemos”.
Pese a que aceptó el trabajo con ciertas aprensiones, con el tiempo la nueva Luna se fue soltando hasta eliminar cualquier rastro de aquella joven sumisa que fue algún día. Por si las moscas, le dijo a su novio que trabajaría de noche haciendo el aseo en el Metro Moneda, y él no dudó en ningún momento de su palabra… o al menos así fue hasta le pidió matrimonio, la Luna le dijo que sí y, en plena celebración de la despedida de soltero, sus amigos tuvieron el mal ojo de llevarlo justo a la casa de putas donde la flamante futura novia era la atracción principal. Dicen las malas lenguas que el novio quedó con la boca abierta producto del impacto, pero aún así más abierta la tenía la Luna producto del tremendo pedazo de corneta que le estaba metiendo un camionero al lado de la barra y a la vista de todos.

De ahí para adelante la decadencia se hizo parte de su vida. No se sabe si fue autoconvencimiento o, sencillamente, vocación, pero la Luna, ahora soltera, puso todo de sí para convertirse en la puta más puta de las putas. En esas andanzas conoció a mi viejo, a quien le dejó los cocos secos de un puro mamón; luego le dio la fase de “puta arrepentida”, se hizo religiosa y obligó a todos a llamarla “hermana Luna”; después estuvo a punto de ser mi madrastra, pero supe detener esa locura a tiempo; posteriormente se descubrió que la secta que integraba no era más que una estafa para sacarle plata a los feligreses más inocentes, con lo robado instaló un prostíbulo en Renca y, finalmente, el sábado pasado, se vino a vivir a la casa de mi papá con la intención de inaugurar un clandestino en la que, hasta ese mismo día, había sido mi pieza… Y lo logró, en sólo un par de horas tenía mi ex cuarto atiborrado de borrachines tomando gratis (“promoción de lanzamiento”, según ella), invitó a unas colegas para amenizar el jolgorio y, de un momento a otro, todo el mundo perdió la cabeza. Recuerdo haber visto a la Gonzala Cáceres agarrándose a combos con una puta de unos 60 años mientras todos tiraban billetes al aire apostando por su luchador favorito; recuerdo que el flaco Lucho me obligó a beber una piscola revuelta con su diuca para vengarse, una vez más, por habérsela pegado a la guata con La Gotita; recuerdo que el pelao Ulises inventó que le dio sueño para irse a mi departamento y, 5 minutos después, casualmente, a la Gonzala también le bajó un sueño repentino, así que los hueviamos poco; recuerdo que mi viejo se curó a los 10 minutos de comenzado el carrete pero, como somos respetuosos con el dueño del nuevo clandestino del barrio, no le hicimos ninguna broma pesada, sólo le metimos un tampón usado de una de las amigas de la Luna por la nariz, nada más… y, finalmente, recuerdo haber bebido hasta ver a Cristo, recuerdo que como pude me arrastré hasta el baño y, tal como es costumbre, abracé el wáter para dormir amarrado a algo… Todo lo demás es un misterio, no sé en qué momento se fue todo el mundo, no sé quién fue el hueón que se robó la tele, y menos sé porqué desperté con la extraña sensación de tener los cocos secos, como si no tuviesen una gota de líquido en su interior, como si alguien me los hubiese estrujado…

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