09 May

Capítulo 64: La gata Cholga.

– Caballeros – nos dijo el garzón – ¿Ya decidieron qué van a comer?
– Aún no socito – respondió mi viejo – tráiganos otra pilsen mientras, con mi cabro tenemos que conversar de algo importante.
– Pero señor, le explico una vez más que éste es un restorán, es decir, acá se viene a comer, las cervezas y otras bebidas alcohólicas sólo las servimos para acompañar nuestros platos y, por si me lo pregunta nuevamente, le digo que no, el pan con pebre no corresponde a un plato…
– Sí po viejo – me metí – ya van a ser las dos de la tarde y estoy cagao de hambre, ordenemos de una vez y me cuentas para qué me pediste que viniera.
– ¡Está bien, está bien! ¿Qué vai a querer voh Mati hueón?
– Para mí… carne mechada con puré, ¿Y tú viejo, qué vas a querer?
– A mí tráigame un arroz con pichula.
– ¡Puta viejo, otra vez con lo mismo! ¡Di salchichas, o vienesas por último, no veí que me da asco!
– ¡Puta el hueón fino, ahora te da asco po! ¡Y cuando teníai 15 ni te la soltabai!
– Gracias señor garzón – dije avergonzado – puede retirarse… y disculpe a mi padre, lleva casi una semana pololeando con una ex puta y anda más ordinario que nunca.
– Ni me recordí a la Luna Mati hueón, ni me la recordí…
– ¿Qué onda viejo? ¿Ya pelearon?
– Dime algo Matías… ¿Tú sabes de salud, cierto?
– No, nada.
– Pero algo tienes que saber.
– Puta viejo, no me digai que te pegaste ladillas de nuevo.
– ¡No hueón oh! O sea, sí, pero no es por eso que te llamé.
– ¿Y por qué me llamaste entonces?
– ¿Tú conoces a la Cholga, cierto?
– Sí po, la gata de la hermana Luna, casi tan caliente como ella, ¿Qué le pasó?
– Ni una hueá, ¿Qué le va a pasar? Si vive puro afilando en el techo, ¡Pregúntame a mí qué me pasó! O mejor dicho, qué me va a pasar…
– Tengo miedo de preguntar pero… viejo, ¿Qué te va a pasar?
– Quién sabe… ¿Seguro que no sabes nada de salud? ¿No? Estoy cagao entonces…
– ¡Habla hombre!
– Lo que pasa es que la Cholga es como una hija para mi Lunita, y ayer caché que esta gata endemoniada agarró de llevar ratones muertos a mi cama, como si fuesen una ofrenda, un regalo.
– ¿En serio me invitaste a comer para hablar de ratones muertos?
– ¡No me interrumpas! Estoy tan sorprendido como tú. La hueá es que llamé a la Luna y le dije “¡Luna por la chucha! ¡Mira lo que hizo la Cholga! ¡Dejó un guarén todo destripado sobre la almohada!”, ¿Y sabí lo que me respondió hueón?
– Viejo, ahí vienen nuestros platos, por favor para.
– ¡Me respondió: “Sí mi amor, si lo hace siempre”! ¡O sea, llevo una semana durmiendo sobre una cama que ha estado llena de ratones muertos! ¡Ratones muertos Matías, con todas las tripas afuera! Pero eso no es lo peor…
– Viejo, en serio estoy cagao de hambre y quiero comer… no sigas…
– Lo peor es que le pedí a la Luna que le enseñe a su gata a no ser así, ¿Y sabí lo que hizo? ¡Se enojó conmigo hueón! Me dijo que no retara a la Cholga, porque se le podían caer los bigotes por el estrés, así que la tomó en brazos, le sacó el ratón muerto de la boca y…
– ¡Viejo no, para, no!
– ¡Le dio un beso en la boca a la Cholga hueón! ¡Le dio un beso como agradecimiento!
– Conchemimadre…
– Obviamente me alteré un poco… y para que se me pasara, la Luna, que sabe bien como complacerme, me preparó una piscola en una jarra de esas pa hacer jugo y después me regaló un trombón oxidado… ella sabe que con esa hueá olvido todo…
– Demasiados detalles viejo.
– Entonces Matías, ¿En serio no sabes nada de salud?
– Mira, no sé qué otra cosa peor me podrías decir, así que pregúntame luego… ¿Qué chucha querí saber?
– Yo no sé bien cómo explicar esto, pero anoche, mientras la luna me removía la lengua por dentro, comencé a pensar… ¿Uno se puede pegar el hanta por el hoyo, o no? ¿Sí o no po? Dime… ¿Matías, qué hueá? ¿Estai invocando a Guajardo hueón? Pero si ni siquiera hemos tomado tanto, ¡Mozo, traiga una bolsita para mi hijo que está vomitando hasta por las pailas! ¡Y otra para mí, así me termino de comer estas pichulas en la casa, mire que este hueón asqueroso me cagó el almuerzo!

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