09 May

Capítulo 66: Cartas.

 “Puede ser que una vez la haya besado,
¡Quién es el que no besa a sus amigas!
Pero tened presente que lo hice
Sin darme cuenta bien de lo que hacía.
No negaré, eso sí, que me gustaba
Su inmaterial y vaga compañía
Que era como el espíritu sereno
Que a las flores domésticas anima”.

“Es olvido” (fragmento) – Nicanor Parra.

Así no más po, llevaba más de dos años pololeando con la Vanessa, y no lo sabía. Y es que puta, nuestra historia de amor se reduce a un calugazo entre dos personas que se aprecian, un acto casi instintivo que se da en la mayoría de las amistades y nada más, no era para tanto tampoco, aunque, por algún extraño motivo, mi yunta de antaño vivió su estadía en Iquique jurando que yo estaba esperándola con el corazón lleno de amor encerrado en la casa de mi viejo, mi hogar de ese entonces, como si fuese una versión moderna de Penélope… pero con pene.

– Vanessa… en serio yo te quiero mucho, pero insisto, acá hay una tremenda confusión.
– ¡Ay mi amor, que eres latero! Me estoy aburriendo de tus chistecitos, me vas a hacer enojar… ¡No, mentira, imposible enojarme contigo! ¡Si yo te amo!
– Pero Vane, yo no… o sea, te quiero mucho y todo eso, pero como amiga…
– ¡Pero qué pesado eres, Matías! No me están gustando nada tus bromitas. Además, encuentro que has sido súper frío conmigo durante estos días, ni siquiera me pescas, y con suerte me hablas… sé que eres un hombre de pocas palabras, pero ya te estás pasando.
– ¿Un hombre de pocas palabras? ¡Vanessa, la hueá que más hago es hablar! Si me conoces po.
– Sí, pero eso fue antes de que pololeáramos pues, mi vida. Entiendo que maduraste y que eso te hizo más cortante, pero necesito que me demuestres tu amor, en serio lo necesito, tal como me lo demostraste por tanto tiempo en tus cartas.
– ¿Qué hueá? ¿De qué hablas? Yo no te he escrito ninguna carta.
– Jajaja, que eres lindo Matías, sé que te da vergüenza escribir y que me pediste que nunca te hablara del tema, pero en serio, tal como te he dicho mil veces, enviarle cartas de amor a tu polola no te hace menos hombre.
– Vanessa… ¿Andas trayendo alguna de esas cartas? Quiero ver algo…
– ¡Pero claro pues, mi amor! Las tengo guardaditas en esta cajita que llevo para todos lados, mira, por ejemplo, acá tengo la primera, ¿Te acuerdas? Me llegó después de que te mandé por encomienda una botella de vino para que recordaras nuestros carretes. Dice: “Te amo mucho. Mándame otra. P.D.: También me gusta el ron.”, ¡Tan lindo que eres, tan sencillo! Además, esa fue la primera vez que me dijeron “te amo”, lloré de la pura emoción, ni te imaginas; y esta otra también me encanta, me la enviaste poco después de que cumpliéramos 6 meses, cuando te mandé la caja de botellas de whisky que me pediste de regalo, dice: “Te amo mucho, muchito, besos. P.D.: Aprovecha que andái cagándote de calor en el norte y mándame pisco peruano”, ¡Ay, pero ésta es mi favorita! La que me escribiste en el verano, cuando te atreviste a dar el gran paso, ¡Al fin! Mira, pusiste: “Te amo. Manda más copete. P.D.: También manda servius a poto pela’o…”.
– Espera, ¿”Servius”?
– Sí, ¿Qué tiene?
– No puede ser… es que mi papá le dice “servius” a la “selfies”, pero…
– ¿En serio? ¡Qué lindo que hables como él! Es como tierno, como un homenaje, ¿O no? ¡Y bueno! Yo capté al tiro el mensaje, y cuando te mandé las primeras selfies, y al tiro me escribiste que querías más, pero que esta vez me disfrazara de monja, me di cuenta de lo mucho que me necesitabas aquí, a tu lado, y por eso viajé de inmediato… ¿Qué? ¿No estás feliz acaso?
– Viejo conchesumadre… se pasó pa’ conchesumadre el muy conchesumadre…

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