09 May

Capítulo 68: La carabinera ardiente.

Hace ya varios años acompañé a mi viejo al toples del negro Fidel para presenciar la atracción del momento: “La carabinera ardiente”… aunque bueno, de “atracción” no tenía mucho, al final era la misma mina que hacía de “La tenista cachonda” y “La beisbolista maraca”, pero con la variante de que en esta personalidad lo que se metía en cada orificio de su cuerpo no era ni una raqueta ni un bate, sino una luma.

Como mi viejo es pintamonos y había escuchado más o menos de qué se trataba el show, no dudó en tirarme arriba del escenario cuando la “carabinera” miró a su público pidiendo un voluntario. Dentro de la curadera opté por dejarme llevar mientras, a lo lejos, escuchaba a mi taita gritando “¡Cierra los ojos Mati hueón! ¡Cierra los ojos si querí ver las estrellas!”. Le hice caso, cerré mis inocentes ojos y, de inmediato, todos mis otros sentidos se acrecentaron como si fuese el Daredevil de la calle Bandera. Así, gracias a mis nuevos poderes, pude oler la colonia Coral de la toplera mientras se acercaba a centímetros de mi cuerpo para arrancarme la polera de un puro tirón; así pude escuchar un sonido similar al de una rana siendo aplastada, que me indicaba que se estaba introduciendo la luma en sus partes nobles; así pude saborear ese gustito amargo que tenía la profanada luma cuando la “carabinera” me la pasó por los labios y, finalmente, así pude sentir como se colocaba detrás mío, para bajarme los pantalones y dejarme caer, en un golpe limpio y directo, la luma al centro de mi virginal raja, el clímax clásico de su performance y que, al parecer, todos los borrachos del lugar conocían a la perfección. Bueno, todos, menos yo…

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