09 May

Capítulo 71: El cumpleaños de mi viejo, 2015 (parte 3 y final).

Domingo 26 de abril.
Celebración del cumpleaños de mi taita
Parte 3 (y final).

04:30 a.m.

Pese a lo que cree la mayoría de la gente que visita por primera vez la casa de mi viejo, los carretes por estos lares no son bacanales eternos que concluyen con hordas de borrachos bañados en vino haciendo orgías en el patio, ¡Na que ver! Por lo general acá ocurren las mismas situaciones podrían verse en cualquier otra tomatera, sólo que, y debido a la naturaleza rancia y sin límites de los participantes, las cosas tienden a salirse un poco de control, nada más que eso. Por ejemplo, esta celebración en particular comenzó de un modo caótico gracias a la lucha entre el Toperol y la Cholga, sumándole al payaso Chispita que casi muere incinerado por no saber controlar un truco de magia, y continuó con la ranciedad a la que ya estamos acostumbrados debido al intento de swinger que se pegaron el cabezón Rubén y la Oye junto a mi viejo y la hermana Luna… y digo “intento” porque, apenas un par de minutos después de que se encerraran en el cuarto principal, el cabezón salió arrancando en puros boxers, pálido y haciendo arcadas. Mi viejo, la Luna y la Oye no salieron más. Una lástima, desde la inauguración del clandestino quiero encarar a la Luna por dejarme los cocos secos después de que me quedé dormido en el baño amarrado a la taza del wáter… o sea, supongo que fue la Luna, la estrujada de huevas es su especialidad, pero nunca tuve la valentía suficiente como para acusarla con mi viejo o, simplemente, para echarle unas elevás, qué te creí tal por cual y todas esas manos. El punto es que, después de todas esas rarezas, la fiesta se desarrolló con normalidad: el flaco Lucho se puso a buscar curaos en coma hasta por debajo de las mesas para hacerles alguna hueá pesada y, de paso, se dio el lujo de romper su propio record colgando nada más ni nada menos que 38 perros de ropa en los pendejos del negro Fidel, quien yacía durmiendo parado al lado del refrigerador; el chico Maicol aprovechó de promocionar una nueva sustancia para volarse por los ojos, “mucho más potente que el Wladimir”, según cuenteó, “y los que cachan la mano la conocen bajo en nombre de “Reloj”, porque te echas una pura gotita en cada pepa y sentirás que el tiempo se detiene frente a ti”. Nadie le compró al chico chanta, si el único hueón que cae en esas artimañas es mi viejo, así que se tuvo que tomar todos sus frasquitos de Red Off y llevarlos de vuelta a la farmacia, por gil. Para coronar la celebración, las putas invitadas por la hermana Luna se rajaron con una coreografía de “Like a virgin” disfrazadas de monjas… aunque “disfrazadas” es mucho decir, con cuea se chantaron el puro velo y el resto, puta, como dios las echó al mundo no más. Me tinca que, en el fondo, pero muy en el fondo, quisieron emular el clásico show que se pegó la Madonna con la Britney y la Christina porque, de un momento a otro, se pusieron a agarrar entre ellas, aunque no fueron besitos inocentes y nada más, las artistas conceptuales se empezaron a calentar y, luego de toquetearse por un buen rato, se dirigieron en masa a la cocina para sacar pepinos, plátanos, algunos bistecs y mucha mantequilla (o margarina, se me confunden)… no sé qué habrá pasado después, tampoco quiero saberlo, del puro miedo me di la vuelta y me arranque hacia el patio con la excusa de que quería fumar. Creí que allí estaría solo, pero no.

06:00 a.m.

– ¿Y ustedes dos, qué hueá hacen acá? Pensé que ya se habían ido.
– Aún no, Mati querido – me respondió el Tomás – adentro hay mucha bulla, y nosotros preferimos pasar nuestras últimas horas en Santiago hablando de la vida, tranquilitos, recordando cómo nos conocimos, ¿O no bebé?
-¡Te he dicho que no mi digai así delante de otras personas! – Respondió gruñendo el pelao Ulises.
– ¿Y qué? ¿Querí que te diga Raquelita acaso hueón reclamón? Perdónalo Matías, el cambio de vida lo tiene nervioso.
– ¿Entonces… es cierto que se irán juntos a Punta Arenas? ¡Qué buena! Los felicito… aunque… puta, igual los voy a extrañar caleta.
– Y nosotros a ti Matías… – respondió el Tomás – Tenemos pasajes a las 12 del día, deberíamos irnos ya, aprovechar de descansar… pero no sé… con mi pelaito somos re malos para las despedidas.
– ¡Jajajaja! ¡No se las den de tímidos ahora, si irrumpieron en mi vida actual con escándalo! Mira al pelao, de un momento a otro lo tuve viviendo en mi departamento, soltándose las trenzas y sacando de adentro su verdadera identidad; y qué decir de ti po Tomás, recuerda que cuando llegaste querías afilarme por las buenas o por las malas, hueviaste un montón con eso y, al final, te decidiste por mi amigo… así son las vueltas de la vida…
– ¡Sí po Gonzala! – Le recriminó el pelao – ¡Te portaste bien mal con el Mati al principio, puro que queríai ponérselo, y na que ver po!
– ¡Ay bebé, no me gusta que me digas “Gonzala”! Sólo me dices así cuando estás enojado.
– ¡Obvio que estoy enojado! Además, sabes que aún no te perdono lo que le hiciste en la inauguración del clandestino del tío, ¿O creí que ya me olvidé, Gonzala traidora?
– ¡Pero bebé, eso ya te lo expliqué! Vine a buscar a mi papá, me dijo que se iría sólo si me tomaba una pilsen con él y, sin que me diera cuenta, me entró agua al bote ¡Sabes que no estoy acostumbrado a tomar! Después me volví como loca y fui al baño a vomitar… ¡Y pucha! De puro borracho pensé que eras tú el que estaba ahí tiradito po…
– ¡Espera espera espera! – Interrumpí – ¡Me tení que estar hueviando! ¿Qué hueá me hiciste precisamente?
– ¡Ay Mati, no tengo idea! Además, ni siquiera sé si en realidad eras tú, si lo único que vi fue a un hueón con zapatillas Converse abrazado al wáter y, como no se le veía la cabeza, asumí que era mi pelaito y le quise dar uno de los regalos especiales que tanto le gustan… ¡Pero insisto! Puede que haya sido otro hueón, si ustedes no son los únicos en el mundo que usan zapatillas de caña alta, no sé, da lo mismo ya, pasado pisado.
– Sí… puede haber sido otro – respondí intentando convencerme.
– Cambiemos de tema mejor, antes de que me dé la rabia… ¿Qué estará pasando allá dentro? – Me preguntó el pelao Ulises – hace rato escucho puros gritos.
– Están bailando parece, ya queda poca gente.
– ¿Te tinca encaminarnos hasta la casa del tío Lucho? Allá tenemos nuestras cosas… podríamos quedarnos conversando hasta que se nos haga la hora.
– Sí, vamos… mi viejo debe estar afilando aún, así que no creo que note mi ausencia.
– Oye Mati, ¿Y por qué no invitai a tu amigo que está durmiendo en ese rincón? – Me preguntó el Tomás – Sabí que el Toperol se lo ha violado toda la noche, y pucha, al principio nos daba risa, pero como que nos está empezando a causar lástima ya.
– ¿Qué amigo? – Consulté intentando distinguir la silueta de un borrachín tirado en una esquina – ¿Ése es el payaso Chispita? ¿Aún está acá este hueón?
– ¿Qué onda? ¿Acaso no es amigo tuyo?
– Puta… sí, creo que sí… estudia teatro el loco, también se cree mago, hace malabares, a veces se las da de mimo y le gusta improvisar monólogos… además me dijo que era como un “poeta de las cosas simples”, o algo así.
– Ah… mejor dejémoslo acá no más, igual el Toperol se tiene que cansar en algún momento…
– Opino igual.
– Y Matías…
– Sí Tomás, dime.
– ¿Tú tení un tajo en el coco izquiero, cierto?
– Sí, me quedó después de una operación, recuerda que mi viejo le dice a mis huevas “la bonita” y “la de la cicatriz”.
– Pucha… ojalá no te dé penita pero… creo que efectivamente eras tú el del baño…
– Lo sé Tomás, lo sé… tómalo como un regalo de despedida.

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