12 May

Capítulo 76: 2006.

Recuerdo el 2006 como uno de esos años de mierda en los cuales di la santa cacha con mi vida… Aunque la verdad todo comenzó un par de años antes, cuando mi viejo me convenció para que comenzara a estudiar la carrera de Perito Criminalístico en una universidad que se estaba cayendo a pedazos, “vai a ser como ese negro con pinta de cachero que sale en CSI” me aseguró, pero al año siguiente descubrí que todo se trataba de una gran estafa y que, por hueón, debía comenzar desde cero; fue entonces cuando mi padre nuevamente metió la cuchara en mi influenciable cerebro y me juró que la Animación Digital era lo mío, “¡Créeme Mati hueón! ¡En los concursos de internet nunca hay animadores!” Me dijo entonces, “si yo puro haciendo click en cualquier parte de una página porno me puedo ganar 200, 100 millones, lo que querai, pero como te digo, nunca hay un animador digital que me entregue el premio po, ¿Viste? ¡Si hay cualquier campo laboral!”. Ni les cuento cómo me hueviaron cuando, al presentarme frente al curso en el primer día de clases, conté todo emocionado que quería destronar a don Francisco o, por último, animar algún día el Festival de Viña. Me retiré de la carrera esa misma tarde sin saber qué hacer, dónde ir o de qué vivir, y así comenzó mi 2006, un año de mierda que se me vino encima de la peor forma.

– ¿Y pa qué llorai Mati hueón? ¡La vida sigue hombre! ¿Cómo te echai a morir por tan poco? Tienes recién 18 años, todo un futuro por delante y un destino prometedor, así que arriba el ánimo hijo, te lo digo en serio, no permitas que un pequeño tropiezo detenga tu caminar…
– Viejo, ni siquiera sabes mi edad, no tengo 18, ya tengo 20…
– ¡20 años! ¿Me estay hueviando? ¿20 años y no hay hecho ni una hueá con tu vida? Ah no, voh estay cagao, cagao pero bien cagao, decir que tení la mierda hasta el cogote es poco.
– Pero puta viejo, necesito tu apoyo po, este año ya no estudié nada y, desde que se masificó el Rincón del Vago, nadie me paga por redactarle sus trabajos, estoy en la crisis máxima…
– Eso… ¿Eso significa lo que yo estoy pensando?
– Sí viejo, significa que si yo no tengo plata… inevitablemente tendré que pedirte a ti.
– ¡No! ¡No no no no no! ¿Estay más hueón? ¿Acaso no sabí lo que significa ser un hombre de familia, divorciado y con un hijo en un país como éste? ¿No hay escuchado de la crisis acaso?
– ¡Entonces dame una mano! Por seguirte la corriente es que estoy como estoy así que, por lo menos, ayúdame a encontrar pega po… si para qué andamos con cosas… tú conoces a alguien que le va re bien y que estaría más que dispuesto a contratarme… acuérdate que en el funeral de tu papá se me acercó y me dijo que contara con él para…
– ¡Lo siento Matías! – me interrumpió – no sé de lo que hablas.
– Viejo, los dos sabemos que estás mintiendo.
– ¿Y si demandai a tu mamá para que te dé plata? No sería una mala idea, nos vamos mitad y mitad…
– ¡Viejo, para! ¿Por qué no llamai de una buena vez al tío Tucapel y le decí que quiero hablar con él?
– ¡No! ¡Ni cagando! ¡No estoy ni ahí con llamar a ese conchesumare!
– Pero viejo…
– ¡Qué pasa ahora! ¡Qué hice!
– ¿Cómo se te ocurre decirle así? Es tu hermano…

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