13 May

Capítulo 78: El inicio de una amistad.

Un domingo cualquiera del año 2013 desperté en mi departamento con una caña de aquellas. Luego de media hora concentrándome para recordar mi nombre y cuál era mi misión en el mundo, atiné a mirar alrededor de la pieza con el fin de comprender qué mierda había pasado la noche anterior, aunque las pistas con las que di a primera vista no me dijeron absolutamente nada: una mancha de vómito sobre la alfombra, una pilsen derramada bajo el closet , mi ropa colgada arriba de la tele y una hojita autografiada por no sé quién chucha guardada en mi velador… todo dentro de lo normal, así que continué con la rutina típica de la post-curadera mirando con cierto temor la pantalla de mi celular: 3:45 p.m., 78 llamadas perdidas y 17 mensajes sin leer. Raro igual, pero asumí que se trataba de amigos balsas intentando contactarme para lo típico: “Mati, redáctame un ensayo por fa”, “oye hueón, arréglame la tesis”, “ya po amiguito lindo, háceme la pura introducción y a cambio te hago un Ñe, qué te cuesta”,  así que ni ahí, dejé la hueá en silencio y me dirigí a la cocina para prepararme un litro de ulpo con hielo (receta familiar para la caña), pero, mientras atravesaba el living, descubrí aterrorizado que un hueón yacía acostado en mi sofá, tapado solamente con el trapo que uso para limpiar el piso y algunos papeles de diario que había ensuciado sacándole el polvo al ventanal. A primera vista se notaba que era un tipo mayor, de unos 50 años, algunas canas adornaban su pelo corto e inferí que se quedó dormido raja porque ni siquiera fue capaz de quitarse los lentes antes de acostarse. No la pensé dos veces, corrí a la cocina y tomé los dos cuchillos, uno para cada mano: el de la izquierda para picanearle las patas al intruso (a ver si estaba vivo), y el de la derecha para ponerle un tajo en el caso de que se despertara haciéndose el choro, aunque esto último no fue necesario porque, apenas le pasé la puntita del cuchillo por la planta del pie, el hombre se levantó del puro susto, gritando un montón de chuchadas por segundo, una hueá ciertamente impresionante, una especie de don sobrehumano que hizo que se me pasara la curadera del puro impacto.

– ¡Déjese de aletear caballero por la chucha! – Le grité para calmarlo – ¡Siéntese y explíqueme quién es usted y qué cresta hace durmiendo en mi sofá!

– ¿Cómo me preguntai eso hueoncito? ¡Si tú mismo me dijiste que me quedara acá po! Se supone que íbamos a invitar a unas muchachas, pero cuando fuiste a tu pieza a buscar el teléfono te pusiste a vomitar y, antes de que se te apagara la tele, me dijiste que durmiera en el sillón no más, porque no te podíai ni el culo para ir a encaminarme.

– Puta la hueá, ¿En serio? A ver… creo que de algo me acuerdo…

– ¿Pero cómo no te vai a acordar mocoso de mure´? Ni que hubiésemos tomado tanto.

– ¿La dura? ¿Cuánto chupamos?

– Nada… tú te tomaste unas 16 piscolas y algunos litros de cerveza; yo me zampé dos botellas de pisco y una jaba de Balticas, la nada misma.

– Chemimare… Lo único que recuerdo es que estaba aburrido y fui al barrio Brasil con la intención de tomarme un puro fanshop, nada más… se me tiene que haber calentado el hocico…

– No sé na´yo cabrito, a mí me metiste conversa en una micro con dirección a Bellavista, ibai bien tambaleado, ofreciste rajarte con copete en algún boliche, así que ni hueón…

– Oiga pare pare… ¿Sabe? Usted me es cara conocida

– Obvio que sí po, te estoy diciendo que carreteamos anoche, ¿No me estay escuchando acaso?

– ¡No, no me refiero a eso! Yo a usted lo he visto en otra parte… quédese quieto, déjeme observarlo bien…

– ¡Si no hombre! ¡No insistas! Yo só… yo sólo quería compartir un trago con un muchacho simpático, nada más.

– ¡No me engañe señor! Creo que lo he visto en la tele… o en algún diario, puta, no sé…

– ¡Oye, ya po! ¡Corté… cortémosla! ¡Si no soy nadie! Todo lo que importa es que me invitaste a tu departamento porque iban a venir unas chiquillas, ¡Y yo vine porque lo único que quería era meterles el Pico! ¡Pico! ¡El pico conchetumare!

– ¡Ya sé! ¡Voh erí Súper Taldo!

– ¡Puta la hueá, siempre me pillan, siempre por la conchetumare!

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