13 May

Capítulo 79: Mi tío Tucapel (parte 2).

Segunda semana de mayo, año 2006.

– Mamá… sé que quizás no me escuches pero… creo que el tío Tucapel no es quien dice ser…

– ¿Qué te pasa cabro pasmao´? ¿Por qué te está tiritando tanto la pera?

– ¡Vieja, déjame terminar por favor! Te digo esto porque en serio ando cagado de susto, así que escúchame: tengo la certeza de que el tío Tucapel está metido en cosas feas… cosas… ligadas a la mafia…

– ¡Mira Matías, te voy a lavar el hocico con jabón Popeye si se te ocurre hablar mal de tu tío Tucapel! Él es una persona intachable, un hombre de iglesia, el único que se salva de su familia, ¡Si acá el único hueón que es como el pico es tu papá! Además, ¿Pa qué iba a querer el Tuca andar metido en cosas de la mafia, si con su flota de taxis le va más que bien? Fíjate no más: tiene la tremenda casa en un barrio hermoso, dos cabañas en la playa, cinco departamentos en el centro, tres camionetas todo terreno y dos motos clásicas fabricadas a su medida, además se da el lujo de viajar por el extranjero cuando se le da la gana junto a la maraca de su señora – que anda tapada en joyas la muy perra, dicho sea de paso – y, para variar, cada navidad les trae regalitos a todos los pendejos del barrio: pelotas de fútbol pa los cabros, sets de maquillaje pa las cabras, así que dime, ¿Por qué un hombre tan noble y humilde, y que tiene cualquier plata sin trabajar casi nada, iba a querer estar en la mafia? Ubícate Matías, no seai hueón…

– No vieja, no estoy diciendo que el “pertenezca” a algún grupo delictual, ¡Lo que digo es que él es el líder! El mandamás, el que mueve los hilos, ¡Imagínate que el otro día me pagó 300 lucas por sacarle la cabeza a una muñeca y enviársela por correo a un “ex socio”! ¡Qué chucha po mamá, la cabeza de una muñeca!

– ¡Ay Mati, qué eres mal pensado! Debe ser alguna broma personal, tú no conoces el humor que tiene el Tucap… ¡Espera, espera! ¿Qué dijiste? ¿300 lucas?

– ¡Sí po! ¡Me paga un montón de plata por hacer puras hueás! Si contesta el celular delante mío, me tira unos billetes para que me haga el sordo; si va a algún prostíbulo o a visitar a alguna bataclana, me paga aún más con tal de que lo cubra, y qué decir de todo lo que me da a cambio de que limpie las manchas de sangre que aparecen en los maleteros de sus taxis casi a diario…

– Perdón, no te escuché ni una hueá, ¿300 lucas dijiste? ¿Y por un solo día de trabajo?

– ¡Pero vieja, no saco nada con hablar contigo así! ¡Y mira po, se te está cayendo la baba!

– ¡Ay pero hijito lindo, mi niñito, no se me enoje, si usted es lo más importante de mi vida! ¿Tiene hambre mi niñito? ¿Le cocino alguna cosa rica? ¿Su plato favorito, por ejemplo?

– Vieja… tú jamás me hay cocinado, y ni siquiera sabes cuál es mi plato favorito.

– ¡Obvio que sé mi niñito! ¿O acaso crees que no te escucho? ¡Claro que te escucho! Así, con estas mismas orejitas que dios me dio… estas orejitas tan peladas que están, tan vacías… ¡Ay, tanto que me hacen falta unos aritos! ¡Pero son tan caros los que me gustan! Al menos ya va quedando poco para mi cumpleaños, ojalá que alguien se acuerde de mí…

– Mamá, tu cumpleaños es en diciembre…

– Pucha… ¿Falta mucho, cierto? Tan solo piénsalo, es tan triste… imagina a tu pobre madre saliendo a la calle sin ni una joyita que lucir, sin nada que destaque su clase, su estampa, su belleza innata ¿No te da penita?

– Ya vieja, diste mucho jugo por hoy, mejor iré a hablar con mi papá, de seguro él me sabrá entender…

– ¡Vaya mi niñito, vaya, no te preocupes! ¡Pero ven a verme más seguido ah, me tienes bien tirada! Y Matías… ¿Cuándo irás a trabajar con tu tío Tucapel nuevamente?

– No sé, creo que hoy en la noche, me dijo que tenía que enseñarle a usar internet para poner en venta un riñón que se encontró casualmente tirado dentro de una heladera, o algo así.

– Mándale mis saludos… y dile que aún conservo la promesa que le hice antes de casarme con el hueón de tu padre…

– Puta vieja, sé que me arrepentiré de preguntar esto pero… ¿Qué promesa?

– Nada grave… sólo le dije que algún día dejaría de importarme que tuviera la pichula tan chica y, apenas eso pasara, me escaparía con él… ¿Qué tiene? ¿Por qué me mirai así? ¿Acaso tu madre no se merece una tercera oportunidad para el amor?

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