15 May

Capítulo 80: La gran pregunta.

– Papá, ¿Te puedo preguntar algo…?

– ¡Pero claro po Mati hueón! Si mis conocimientos están para ser compartidos con todo el mundo, ¿Qué querí aprender hoy, a ver? ¿El secreto para alargarte la corneta usando sólo un embudo y un sopapo, a cómo convencer a una cabra para que se tome servius en pelota, o acaso querí la receta para preparar galletitas de Wladimir para volarse por la guata?

– No viejo, ninguna de esas hueás… es un asunto más personal.

– Puta que te poní fome Mati hueón, le quitai todo lo interesante a nuestras conversaciones…

– Papá, necesito que te pongas serio… esto es algo que tengo atragantado desde hace mucho tiempo, y no dormiré bien hasta que lo eche afuera.

– Está bien Matías, te ofrezco mis disculpas y créeme que comprendo perfectamente lo que estás sintiendo… La semana pasada anduve como 4 días con un pendejo de la Luna atravesado en el cogote y, por más que vomitaba, no lo podía expulsar… al final parece que me lo tragué… Y bueno, no te desvíes del tema, ¿Cuál era tu pregunta?

– Por la chucha viejo, ¿Por qué me contai esas hueás? Yo sólo quería saber una cosa, y puta, no hay forma fácil de preguntarla, porque siempre que lo intento me cambiai de tema o te haces el loco, pero no pierdo nada con intentarlo, así que acá voy: Papá… ¿Por qué mi mamá te pidió el divorcio?

– Matías, hemos hablado de esto muchas veces y siempre te digo lo mismo: te contaré la verdad cuando seas todo un hombre.

– ¡Ya tengo 28 viejo! ¡Soy un hombre hace rato!

– ¿28 ya? ¡Puta que estay cagao hueón oh! Mírate, si hasta te vestí como pendejo, ¡Mayor razón me dai para no contarte nada! ¡Madura primero!

– Pero viejo, ¿No te das cuenta que todas mis relaciones fallan debido a que nunca tuve un buen ejemplo de lo que es el amor de pareja? Desde chico me tocó verte coquetear con putas, y qué decir de mi vieja y el tío Pato, tienen ese fetiche culiao de afilar buscando ser descubiertos, y hasta ahora yo soy el único que los pasa pillando, ¿Me entendí? ¡Soy yo el que tiene que aguantar sus hueás raras, sus actitudes rancias, así que exijo, en serio exijo, saber qué fue lo que detonó todo esto!

– Matías, mil veces te he dicho que la historia del porqué nos separamos con tu madre da para…

– Para escribir un libro, lo sé, y quizás algún día me dé la hueá y lo escriba yo mismo…

– Y cuando llegue el momento, hazlo… pero mientras tanto los motivos serán un secreto entre tu madre y yo, no se hable más del tema, ¿Estamos?

– Fue porque llegaste con una mancha de lápiz labial en la pichula, ¿Cierto?

– ¿De dónde sacaste eso?

– Los escuché pelear una noche… yo tenía poco más de 10 años, tú llegaste tarde a la casa tarde y recuerdo que a los pocos minutos mi vieja comenzó a gritonearte porque tenías una mancha de rush en la corneta… luego de eso nada volvió a ser lo mismo…

– Chucha… me dejaste helado… se supone que no debías escuchar eso…

– ¿Entonces? ¿Ese fue el motivo?

– En parte… a eso se le sumaron muchas cosas más, pero igual fue un hecho que marcó un antes y un después en nuestro matrimonio.

– Puta viejo hueón… ¿Cómo se te ocurre llegar con una mancha de rush? ¿Con qué maraca estabai cagando a mi vieja?

– ¡De qué estay hablando Mati hueón! ¿Cagando a tu vieja? ¡Yo nunca la engañé! ¿Por qué dices eso?

– ¿Cómo que no hombre? Si me acabas de reconocer lo del lápiz labial, ¡Deja de mentir por favor!

– ¡Ja! Matías, ¿Viste que aún no maduras? Tu mente es demasiado infantil para entender las cosas, escuchas “lápiz labial” y “pichula” y de inmediato te imaginas lo peor, siendo que lo que pasó no tiene nada sórdido.

– Pero papá, ¿Cómo te voy a creer esa hueá? ¿Por qué se enojó tanto mi mamá entonces?

– Porque me pitié casi todos nuestros ahorros en un concurso, obvio.

– ¿En un concurso?

– Sí po, en la segunda versión del “Festival de Disfraces pal Pico” que organizaba el flaco Lucho en el barrio cuando tú erai chiquitito… corría harta plata en esa hueá…

– No me digai que es lo que estoy pensando…

– ¿Qué? ¿Qué tiene? Si no tenía nada de malo po, no era más que un juego inocente que consistía en meter un montón de plata en un fondo común, después teníamos que llegar con nuestras cornetas disfrazadas de algo llamativo, cosa que se vieran bonitas las hueonas, y los cabros del público votaban por la mejor. Ésa era la que se llevaba todas las lucas.

– Puta viejo…

– Mira, en esta cajita guardo algunas fotos, ¿Veí? Ahí está el flaco Lucho con su corneta disfrazada de “Largo”, de los Locos Adams, no ganó ni cagando, si se la pintó blanca y le dibujó el peinado con un plumón no más, cero producción; acá está el culiao que ganó, el Julio Chicha, ¿Te acordai de él? Igual se la jugó el tonto, con una peineta se tiró todos los pendejos pa delante y le quedó la diuca igual Chewbacca, sacó aplausos el viejo de mierda, y con toda la plata que ganó rehízo su vida y nunca más supimos de él, mal agradecido no más… y puta, acá estoy yo po.

– Viejo, se supone que es…

– Sí, la mismísima: Marilyn Monroe… le puse bueno, lorea, le chanté un vestidito blanco en la base y, durante la presentación, le tiraba aire con un ventilador para que se me vieran las hueas, ¡Saqué aplausos! Y ahí tiene su boquita pintada, ¿Cachai? Esa es tu famosa mancha de rush… Obtuve hartos votos, pero al final perdí por la pura peluca, era muy charcha, me confié demasiado y por eso tu madre se puso hueona y empezó a darle color por todo.

– Esa peluca… me parece conocida…

– ¡Ah, sí! Era el pelo de una figura de acción desarmable de He-Man que teníai, siempre dormíai con ella…

– ¡Viejo hueón cochino! ¡Le metiste la corneta a mi muñeco de He-Man! ¡Y yo le daba besos en la frente cada noche antes de dormirme!

– ¡Dale color! ¡Si nunca te pasó nada tampoco! Además, siempre que te dormíai le sacaba el pelo y me lo chantaba en la puntita, a tu vieja le gustaba que llegara en pelota gritándole “¡Tengo el poder!” con la corneta rucia, ¿Qué tanto? Además, de cochino no tengo nada, porque con la misma saliva se limpiaba la hueá, así que retira tus palabras… ¡Pero pa qué llorai hueón! ¿Es por tu juguete? ¿Viste que aún no madurai Mati hueón? ¿Viste que yo tengo razón?

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