16 May

Capítulo 81: Wendy, la del Cuarto C.

– Ya po Mati hueón, vamos – me rogó al borde de las lágrimas el cabezón Rubén.
– Córtala con eso cabezón, ¿Por qué mejor no me acompañai a comprar un copete, lo traemos para acá, nos curamos y listo? Aprovechamos de conversar, echar la talla, incluso podríamos invitar al payaso Chispita para burlarnos de él un rato, ¿No te tinca?
– ¡No po Mati! Estoy aburrido de verte la cara casi todos los días, necesitamos un cambio de ambiente hueón, asistir a un carrete bueno, en grande, distorsionado, como esos de antaño a los que íbamos con el condón puesto, una hueá pa´ hombres de verdad, ¿Cachai? ¡Ya po Mati hueón, di que sí, di que sí! ¿Sí?
– Cabezón, enchúfate, sólo es otro de los reencuentros pencas de la generación 2004 del liceo de mierda en el cual estudiamos, ¿Qué te hace pensar que será un carrete “grande y distorsionado”? Por algo empieza a las 7 de la tarde, se sabe que a las 10 ya todos andan cagados de sueño y se tienen que ir a cuidar a sus hijos, no seai soñador cabezón, nada bueno pasará ahí.
– ¿Y qué sabí voh? Si con cuea fuiste a uno de esos encuentros y de puro maricón te arrancaste a la media hora.
– ¡Cabezón mal agradecido! Sólo porque voh me obligaste fui al del 2010, ¡Todos los asistentes no teníamos ni 25 años y la hueá ya parecía carrete de la fundación Las Rosas! Además, de las 20 minas que asistieron 4 estaban embarazadas, 6 casadas, 5 separadas, 3 habían salido del closet y las 2 que quedaban… puta… ni con tula prestá´ po cabezón…
– Pero los tiempos cambian Matías, ahora las cabras vienen de vuelta, están entrando en la crisis de los 30 y al fin se decidieron por darle rienda suelta a su calentura, ¡Si están dispuestas a todo hueón! ¿O acaso no hay visto las cochinadas que publican en sus Facebooks?
– No las tengo en Facebook, ¿Pa qué? Ni ahí con tener mi inicio plagado con fotos de matrimonios, cabros chicos y carretes siúticos.
– Mati… hazlo por mí, tú sabes que aún ando sensible…
– ¡La Oye te dejó hace 3 semanas cabezón! ¡Deja de usarla para dar lástima!
– ¡No estoy triste porque me dejó! Lo que me devastó fue lo que descubrí después…
– Ya ya ya ya ya, no saquemos ese tema a flote en este momento…
– ¿Y entonces? ¿Acompañarías a esta alma desvalida a buscar el consuelo entre las piernas de alguna mujer desesperada?
– Está bien hueón oh, vamos… ¡Pero que conste! No lo pasaré bien…
– Oh Matías, créeme, lo único que me importa es no llegar allá solo, sería demasiado patético, y si tú lo pasas bien o mal, puta, la verdad es que me importa una reverenda pichula… ¿Nos vamos entonces?

Fue sincero al menos el cabezón, llegamos a la fiesta puntualmente a las 7 y, apenas cruzamos la puerta y saludamos a los anfitriones, me dejó tirado y no lo volví a ver hasta hoy en la mañana, cuando lo abracé emocionado y le grité “¡Teníai razón cabezón culiao! ¡Erí el más grande! ¡Nunca más te pondré en duda!”, Pero bueno, vamos paso a paso. A primera vista la fiesta parecía fome, habían más hueás pa picar que copete y eso siempre es una mala señal; luego di un segundo vistazo y todo fue de mal en peor, los únicos temas de conversación posibles eran la plata o la pega, parecía un maratón de hueones jactándose de sus logros y ninguneando a los que aún no tenían casa propia o un auto del año, así que luego de un par de bostezos para hacerme el cansado, comencé a caminar hacia atrás buscando la salida y, ¡Paf! Choqué con ella… ¡Dios mío! Tal como si el destino quisiera compensarme por todo lo cruel que ha sido conmigo, sin previo aviso me plantó frente a ella, luz de mi vida, fuego de mis entrañas, pecado mío, alma mía, justo frente a ella, la Wendy, la famosa Wendy del Cuarto C, mi amor platónico durante toda la media, la musa de mis primeras fantasías y la culpable de que mi vieja me retara a diario por dejarle las sábanas tiesas… La Wendy del Cuarto C, tan rica como la recordaba…

– ¡Ay, discúlpame! Que tonta, no te vi venir.
– Wendy… ho… hola, qué rico verte – le dije con voz de ahueonao – no has cambiado nada.
– ¡Hola! Ay, oye, no es por ser mal educada… pero creo que no me acuerdo de ti.
– ¡Ah no, no te precupes! Nunca fuimos amigos ni compañeros, me sé tu nombre porque… ¡Pucha! Todos te conocíamos po, si vivíamos pensando en ti cuando nos pajeá… ¡O sea! Te encontrábamos simpática, o al menos yo te encontraba simpática, pero nunca me atreví a hablarte… ¡Chuta, perdón! El mal educado estoy siendo yo, me presento, Matías, un gusto saludarte al fin.
– ¡Ah sí! Te recuerdo… Matías, ¿Del B, o no? También te ubicaba, ¿Tú fuiste el que llegaste una mañana con una panti en la cabeza, cierto?
– Bueno… sí. En mi defensa, mi vieja me la prestó para que se me bajara un remolino que tenía en el pelo… esa mañana me quedé dormido, ni me bañé, salí corriendo y puta… de ahí me hice conocido como “el cabeza e´pierna”…
– Jajaja, me haces reír Matías, siempre me tincó que eras simpático, una lástima no haberte hablado antes…
– ¿Pero qué tiene? Aún estamos a tiempo… A ver, háblame de ti, ¿Ya te casaste? ¿Qué haces por la vida? ¿Tienes hijos?
– ¿Yo? ¡Ja! Ni loca, yo vivo la vida Matías, actualmente no trabajo en nada, pero me va bien, ¿Y tú? ¿Qué me cuentas, a ver?
– No mucho… estuve metido en la mafia hace algunos años y ahorré lo suficiente como para vivir plácidamente durante un buen tiempo… Aunque igual hago mis pegas por ahí, soy inquieto.
– Jajaja, ¿La mafia? ¡Tienes mucha imaginación!
– Jaja, claro, imaginación…
– ¡Sí, demasiada, jajaja! ¿Pero te va bien entonces?
– No me quejo para nada.
– Te lo pregunto porque… ¡Pucha! ¿Ves a esas brujas que están en la esquina mirándome con cara de culo? Son mis amigas y me están esperando, creo que es hora de irme…
– ¿En serio? Qué lástima.
– Pero no importa, mira, saquemos nuestros celulares y agreguémonos a Facebook ahora mismo, así nos mantenemos en contacto, ¿Te tinca?
– Sí obvio, ya te estoy buscando… a ver, ¿Esta eres tú?
– ¡Sí! Esa foto me la tomé cuando me lancé en paracaídas, a ver, anda a la siguiente, fíjate, ahí estoy comiendo ceviche en Perú, en esta otra surfeando en Pichilemu, acá jugando en el casino de Viña, ¡Y esta me encanta! Dándole comida a un mono en Colombia.
– ¡Qué buena! Te gusta hacer hartas cosas por lo que veo.
– ¡Obvio! De otra forma moriría de aburrimiento.
– Oye… una pregunta algo desatinada quizás… pero noto que en todas estas fotos sales sola, ¿Qué onda? ¿No será que estás casada y lo estás ocultando?
– ¡Ay no, jajaja! Es que mis amigos me las toman, lógico, ¡Ya Mati, ahora sí que sí me retiro! Háblame, que no se te olvide.
– No, no… obvio que no.

No mentiré, cuando me dio la espalda me quedé pegado por unos segundos mirándole el culo y puta que me costó volver a la realidad. Sin más que hacer decidí iniciar mi retorno al departamento pero, cuando iba en el taxi, noté que la Wendy había realizado una publicación en su muro hace pocos segundos: “De carrete con las amigas, pero mataría por comer sushi, ¿Algún amiguito lindo que me invite?”. No había dudas, la indirecta era para mí así que, sin esperar mayor provocación, le envié un mensaje diciéndole “Yo te invito, ¿Dónde vamos?”, Ella respondió con la dirección de su restaurant japonés favorito y para allá partí hecho un peo. Al llegar, la Wendy me salió a recibir feliz, tomamos asiento, conversamos de todo, reímos juntos, nos sacamos muchas fotos y le di en el gusto en lo que quiso, aunque pidiera los tragos más caros, aunque quisiera las piezas más costosas, aunque después ordenara nuevamente más y más hueás que se escapaban de mi presupuesto, aunque al finalizar la cena se despidiera con un beso en la cara, aunque hiciera que me pasara mil películas, tantas que me vine a acostar con los cocos hinchadísimos, no me importaba, nada de eso me importaba, Wendy del Cuarto C sería mía, quizás no esa noche, pero definitivamente lo sería alguna otra noche, porque esta vez me la iba a jugar, esta vez todo sería distinto, esta vez remojaría el cochayuyo a como diera lugar…

Hoy en la mañana desperté enamorado como un quinceañero, en cambio el cabezón Rubén llegó a eso de las 10 confesándome que no aguantó la pena y se fue del carrete apenas entramos para ir a declarársele a la Oye, aunque le fue como el pico.

– ¡Me da lo mismo cabezón culiao! – Le grité – ¡Yo al fin encontré a la indicada! ¡Al fin tendré un cable a tierra que me haga salir de esta vida rancia!
– No te creo nada hueón – fue el apoyo que recibí del cabezón – si era verdad lo que decíai antes de salir, esas fiestas están plagadas de minas despechadas, locas, lunáticas… ninguna como mi Oye…
– ¿Ah sí? ¿Y qué me decí de la Wendy?
– ¿Cuál Wendy? ¿La Wendy del Cuarto C? ¿La mijita rica ésa?
– Sí po… Pinchamos anoche, ¿Qué tal?
– ¡Imposible conchetumare! Esa mina es demasiado pa voh, ¡Demasiado! Estai cachiporreándote Matías, cuenta la firme, dime que es hueveo por fa.
– No po, sin incluso salimos a comer sushi, ¿Querí ver? Nos sacamos un montón de servius y me dijo que las subiría a su Facebook, lorea, acércate a mi notebook… busquemos… Wendy… del Cuarto C.
– Ahí está la guachita po… sigue igual de rica… ahí tiene las fotos comiendo sushi…
– Sí po, ¿Qué te dije? Con esa misma ropa andaba anoche.
– Pero… a ver… pero Mati, déjame hacer click acá… ¡Viste hueón mentiroso! La mina subió 154 fotos en el álbum “Noche de sushi”, y en ninguna salí tú, ¡Te pillé, grupiento culiao!
– ¡Pero qué…! ¿Qué onda? Si te juro que nos sacamos como mil fotos… revisemos su muro, de seguro me nombró, si anoche nos llevamos súper bien…
– Cacha, recién publicó algo, “Con ganas de desayunar, ¿Algún amiguito que me invite?”; y mira ayer en la tarde, “¡Qué ganas de ir a comer mariscos a Viña! Pero soy tan pobre …”; y acá hay más publicaciones, te las leo: “Tengo que ir a un asado a Providencia, pero me carga andar en metro, ¿Algún amigo que me lleve?”, otra: “¡Mi celular está tan viejito! Ojalá tuviese un pololo que me regalara el último Iphone”, otra: “¡Qué lindo este vestido! ¿Algún lindo que quiera que me vea linda para él?”, y este otro: “Un amigo me compró un bikini nuevo, pero nadie me invita a la playa para probármelo ”… ¿Sigo leyendo? Esta mina la cagó…
– Pero… pero hueón, ¿Qué onda? ¿Qué está pasando? ¿Esto qué significa?
– Matías, amigo, ¿Qué más va a significar? Caíste con una típica “Cafiche de Facebook”, estas minas son capaces de construir imperios con todo lo que le bolsean a sus amigos que andan calientes dándoles de todo, no te queda más que superarlo.
– Pero… pero yo la amo… ¡Mira! ¡Acaba de publicar que tiene ganas de ir al teatro! ¡Es una indirecta para mí! ¡Yo le dije que me gustaba el teatro, viste! ¡Viste que ella también me ama!
– Matías…
– Ya hueón, me cagó, pico, ¿Vamos donde mi viejo? Necesito una sobredosis de ranciedad para olvidar…
– Te acompaño… en una de esas veo a la Oye nuevamente y ahora sí logro que vuelva conmigo.
– A esta hora no está cabezón, sabes que la Luna le asignó el turno de noche, deja de martirizarte.
– ¿Crees que algún día seamos felices nuevamente?
– No sé… cuando se aburra de ser puta… quizás…

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