20 May

Capítulo 83: La callampa de Súper Mario.

A fines del año pasado ingresé a una sociedad secreta de nostálgicos jugadores de Súper Nintendo denominada “La callampa de Súper Mario”, aunque la verdad es que preferimos que nos llamen simplemente “Los ñoños culiaos”, y el motivo se explica por sí solo: como se habrán dado cuenta, los ñoños y los mal llamados nerds estamos en el pedestal de la popularidad actual, no sé si agradecerle a “Freaks and Geeks” o a “The Big Bang Theory”, aunque la verdad es que da lo mismo porque, por algún extraño motivo, las minas que te ven con un joystick arcaico piensan que están frente a Sheldon Cooper y lo único que desean es despabilarte a punta de cachimbas y potazos en los cocos, y puta, uno no es de fierro po…

“La callampa de Súper Mario” fijaba sus reuniones cada domingo en la casa del rucio Felipe, y el único requisito para entrar a tan selecto clan era llegar con un juego original en perfecto estado y rajarse con la foto de alguna hermana o prima rica para dejarla pegada en la pared no sé con qué motivos. Yo, con tal de sorprender a esta tropa de vírgenes, llevé un cartucho intacto del Mortal Kombat II que se encontraba guardando polvo en mi cajita de recuerdos y, como no tenía ninguna familiar rica a quien fotografiar, compré una jaba de chelas e hice mi entrada triunfal con ella al hombro para celebrar mi ingreso al club. El rucio Felipe, siempre tan correcto, tan educado, agradeció mi gesto y me dio la bienvenida, aunque se dio el tiempo para explicarme, a modo de aleccionamiento, que el fin de su sociedad secreta no era emborracharse como tantos otros jóvenes de nuestra edad lo hacían, ¡No señor! Sino jugar uno que otro clásico y compartir un grato momento frente a la pantalla… a los cinco minutos logré que cambiara de opinión, le dio pausa al Súper Mario Kart y terminó vomitando abrazado a su consola, con un cartucho de Mega Man X ensartado en la raja y su colección de revistas del “Club Nintendo” llenas de picos dibujados por él mismo. Desde aquel día el cabezón Felipe me nombró su mejor amigo, y “La Callampa de Súper Mario” se convirtió en la mejor excusa para chupar más que Kirby con bajón. Y así fueron pasando los meses, entre torneos de Killer Instinct y curaderas sin motivo alguno, mis dos actividades favoritas a la hora de batir la lengua para contar mis desventuras, las cuales eran recibidas con vitoreos y carcajadas por mis nuevos amigos pernos… Eso hasta ayer, cuando el rucio Felipe, sin entregar mayores detalles, citó a todos los miembros a una reunión obligatoria para aclarar un asunto de alta importancia, el cual, a juzgar por las miradas de odio que me lanzaron apenas llegué, justo antes de que me sentaran al medio de un reducido círculo humano, tenía que ver conmigo.

– ¿Qué onda chiquillos? Están medios serios ah…

– ¡Silencio! – Me gritó el rucio Felipe – Desde ahora hablarás cuando nosotros digamos que hables Matías… si es que ése es tu verdadero nombre.

– ¿De qué estay hablando rucio? Si esto es una broma, no está siendo chistosa…

– Matías, querido amigo… Siempre nos gustaron tus anécdotas, ¿Te lo dijimos, cierto?

– Bueno… sí, varias veces.

– Sí, siempre nos gustaron… ¿La historia de cuando tu papá fue estatua humana? Hilarante; ¿Y la de tu pololeo con la Coni? Casi lloramos de emoción; ¿Y la de la Chubi? ¿Y la Kuky? Recuerdo que hasta consejos te dimos; ¿Y qué me dices de esos “amigos tuyos” que nunca conocimos? ¿Ese tal pelao Ulises, la Gonzala Cáceres, el cabezón Rubén? ¿Ah? ¿Y lo de las “servius”? ¿Y el “Wladimir”? Me cagué con esas historias, ¿Lo recuerdas? Me cagué literalmente y tuve que ponerle pausa al Street Fighter para poder ir a bañarme y cambiarme pantalones, ¿O ya lo olvidaste?

– Puta Felipe, no cacho pa´ dónde vai compadre, en serio.

– ¿Por qué no viniste a jugar este domingo, Matías? Sabías que nos tocaba la maratón de International Superstar Soccer… hablamos por meses de ese evento, mandamos a hacer una copa incluso.

– Tuve mucho que hacer Felipe, no tengo más excusas; y chiquillos, en serio discúlpenme, sé que es una tradición que yo haga los trucos al inicio del juego, pero para la próxima estaré sí o sí, ¿Bueno?

– ¡No habrá una próxima! – Me gritó el rucio – ¿Sabes lo que pasó? ¿Sabes cuáles fueron las consecuencias de tu ausencia? Nos faltó un jugador Matías, eso alteró todo el campeonato y no nos quedó otra que resignarnos y empezar a buscar videos de mierda en Youtube…

– Chuta…

– Y luego nos acordamos de tus historias, extrañamos la pasión con la que nos narras tu vida, así que abrimos Google y comenzamos una búsqueda de anécdotas chistosas, relatos que tuvieran el nivel de ranciedad de los tuyos, y así… una cosa llevó a la otra… Y dime algo Matías, ¿Te suena conocido un blog llamado… “Hijo de tigre”?

Conchemimadre, pensé, conchemimadre conchemimadre, se supone que esta hueá no debía pasar, ¿Cómo tan chico el mundo por la re chucha? ¿Ideé un plan para un momento como éste? No, ni hueá, ¿Ahora cómo los miraría a la cara nuevamente? Por la mierda, qué desesperación más grande… pero luego de una reflexión exprés concluí que, puta, los cabros de “La callampa de Súper Mario” eran mis amigos po, yo los quería, ellos me querían y, por lo mismo, merecían saber la verdad, total, ¿Qué malo podría pasar? De seguro me felicitarían y nuestra amistad tomaría un nuevo rumbo, mucho más firme y duradero, basado en la confianza absoluta y la admiración mutua, así que no había qué más pensar, ¡Siempre con la firme Matías, siempre con la firme!

– Chicos… no hay una forma fácil de decir esto… – comencé.

– Sólo di la verdad, Matías – agregó el rucio – sólo la verdad nos hará libres.

– Está bien… Felipe… chiquillos… lo acepto… Yo soy…

– Lo sabemos Matías– me interrumpió el Felipe – ya lo sabemos: tú eres… ¡Un copión culiao! ¿Qué te creí? ¿Cómo se te ocurre robarle las historias al “Mati hueón” y contarlas como si fueran tuyas?

– ¿Pero qué…? ¿Qué chucha? Cabros, ¿Acaso no entienden? Si yo les conté que mi papá era súper rancio, ¿Se acuerdan? ¿Se acuerdan cuando les dije que se volaba por la corneta?

– ¡Deja de colgarte de las historias del Mati! ¡Ojalá fueras una pizca de lo que es él, traidor! ¿Y sabí qué más? ¡Toma tu cagá de Mortal Kombat II y sale por donde llegaste! ¡Quedas oficialmente desterrado de “La callampa de Súper Mario”! ¿Y por qué poní esa cara hueón? ¿Acaso querí llorar?  ¡Ya, mucho, te fuiste! ¡Hueón mentiroso, copión y, más encima, feo!

Mal comienzo de semana, ahora tendría que buscar otro hobby para acortar mis domingos aunque, pensándolo fríamente, no me podía echar a morir… los amigos pasan y lo único que siempre va quedando es la familia, ¡De eso no habían dudas! Con ese pensamiento positivo saqué mi celular en medio del despecho y llamé al único que no me deja tirado nunca: “Hola viejo, ¿Te tinca que nos peguemos una maratón de Mortal Kombat, así como lo hacíamos antes?”, “¿Estay más hueón Mati hueón?”, me respondió de inmediato, “Estoy en medio de una maratón de Teto con la Luna, y me parece que voy ganando”… ¿Qué le vamos a hacer? Creo que el lado gamer lo saqué de familia…

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