22 May

Capítulo 85: Ñe.

– Qué misteriosa es la vida Matías… un día estás en la cúspide, y al otro… hundido en la más profundas de las depresiones…
– ¿Qué hueá viejo? ¿Qué venérea te picó ahora?
– ¡Eso da lo mismo! ¡Ya nada tiene sentido Mati hueón, nada! Tengo una desazón que ni la más fuerte de las piscolas podría calmar… aunque de qué estoy hablando, si ni ganas de piscolear tengo, ¿Qué saco con tomar? ¿Qué saco con seguir emborrachándome? ¿Morir… dormir, tal vez soñar?
– ¡Anda al grano viejo por la chucha!
– Me pasó lo peor que le podría pasar a un hombre… ¡Lo peor!
– No me digai que es lo que estoy pensando…
– Sí Matías, eso mismo es… la Luna le puso un sobrenombre maraco a mi corneta…
– ¿Qué hueá? ¡No estaba pensando en eso! Creí que había muerto alguien, no sé.
– ¡Pero claro que murió alguien po Matías! Una parte de mí dejo de existir, mi hombría se marchó para siempre en un viaje eterno, mi virilidad me abandonó para no volver…
– ¡Ya hombre, córtala! No puede ser para tanto, dime de una vez cómo bautizó la Luna a tu corneta y se acabó el tema.
– ¿Seguro quieres saber?
– No, no quiero saber, pero a lo mejor sólo necesitas desahogarte y listo…
– Está bien… pero prométeme que no le contarás a nadie.
– No saldrá de estas cuatro paredes viejo, quédate tranquilo.
– “La Señor Lápiz”.
– ¿Ah?
– ¡El primer apodo que le puso la Luna a mi corneta fue “La Señor Lápiz”! ¡”La Señor Lápiz po hueón! Así como el mono culiao ése, el de Cachureos…
– Puta viejo… sé que me arrepentiré de esto, pero la curiosidad es mucha… cuéntamelo todo.
– Tú sabes que mi mayor meta en esta vida era lograr que alguna minoca me haciera un Ñe, ¿Cierto?
– ¿Un Ñe?
– Un Ñe po, ¿Cómo no vai a cachar? Es un técnica milenaria que consiste en que te pesquen el forrito de la punta de la corneta, le peguen una soplada tal como si estuviesen inflando un globo y, cuando la hueá esté a punto de reventarse, van soltando y a la vez apretando rápidamente el cuerito para que el aire salga haciendo “ñeEeEeEeEeEe”, ¡Voh no sabí na´de sensualidad Mati hueón! ¡No sabí na´!
– ¡No no! ¡Si conozco lo que es un Ñe! Lo que no puedo creer es que esa sea tu mayor meta en la vida.
– ¿Qué tiene? Si todas mis otras metas ya las logré po: que me hicieran un trombón oxidado, listo; afilarme a una china disfrazada de Chun-Li, listo; afilarme a una alemana…
– Viejo, no era alemana, era un travesti, te lo he explicado en todos los idiomas.
– ¡Como te iba diciendo! Afilarme a una alemana, listo, y tener mi propio clandestino, listo y funcionando, ¿Viste Mati? No puedes negar que en mi vida he sido un triunfador, o eso creía hasta que convencí a la Luna de hacerme un Ñe… Fueron semanas rogándole, hasta que anoche mi socia llegó media entoná´y, de la nada, me bajó los pantalones, me agarró el pirulo y comenzó a soplar y a soplar, ¡Puta Mati hueón, se sentía la raja! ¡El sueño de cualquier ser humano hecho realidad! Hasta que pegué una mirada para ver si parecía pez globo la hueá, y nada. Entonces comencé a animar a la Lunita para que soplara más fuerte, “¡Sople mi guacha, sople como si fuera un alcotest!” Le gritaba, hasta que al fin noté que la cosa estaba tomando forma de pelota y chillé “¡Ahora mijita! ¡Empiece a desinflarlo! ¡Que haga Ñe! ¡Que haga Ñe!”… Ayayay hueón oh, ayayay…
– ¡Y qué pasó po viejo! ¡No me dejí metido!
– La Luna me agarró la punta con el índice y el pulgar de ambas manos, alejó su boca del pituto y comenzó a estirar el cuerito hacia los extremos… y puta Mati hueón, no me vai a creer, pero en lugar de hacer “ñeEeEeEeEeEe”, me salió un sonido de mierda igual al de una niñita chica silbando para llamar a su perrito.
– ¿Ah?
– ¡Eso po Mati! ¡Mi corneta chifló hueón! ¡Chifló! Yo quedé con la boca abierta, la Luna se puso a mirar hacia la ventana pensando que alguien nos buscaba pero, cuando se dio cuenta que el pitido vino desde mis adentros, se meó de la risa, me pegó un paipe en la cabeza de la diuca y luego le gritó “¡Güena po´Señor Lápiz!”, ¿No veí que ese mono culiao se la pasaba chiflando?
– Sí, sí me acuerdo… me acuerdo bien, aunque procuraré olvidarlo ahora mismo.
– ¡Y eso no es nada po Mati heón! La vergüenza fue tanta que quise quedar como rey de nuevo, mi dignidad estaba por el suelo y debía reivindicarme, así que le dije a la Lunita que se rajara con una conferencia de las buenas, de esas con tocá´ de campanilla y todo, ¡Y díganle a la tonta! Empezó a hacer lo suyo sin más preámbulos, pero fue tanto el color que le puse para hacerme el bacán que en una embestida llegué muy adentro y…
– No me digai que…
– Sí… le dio una arcada y me vomitó… me vomitó dentro de la corneta.
– Puta viejo por la chucha…
– Esta vez no hizo “Ñe”, ni tampoco silbó, pero emergió desde el forrito un sonido de ultratumba, una hueá así como “gluglugrrrr”, algo parecido a un perro atorado con una papa frita y soltando chorritos de vómito pa´fuera.
– No sé qué decirte viejo… un asco tu hueá de historia… pero vele el lado positivo, por lo menos ya no le dirá “La Señor Lápiz”.
– ¡No po Mati hueón! ¡Si después de lo que pasó le puso “La Epidemia”! ¡Tal como le decían a la puta con la que me descartuché cuando tenía 15 años! ¿Cómo no estar deprimido así? ¡Dime po! ¡Si ahora meo y me acuerdo de esa vieja hedionda! No es para la risa, Matías, no es para la risa…

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