27 May

Capítulo 88: El increíble show del Payaso Chispita

Desde que la Oye se convirtió en la puta estrella del team de la hermana Luna, el cabezón Rubén comenzó a trabajar turnos dobles para poder contratar sus servicios la mayor cantidad de tiempo posible y así evitar que otros califas pusieran las manos (o algo más) en la anatomía de su amada ex. La verdad es que a mí lo que haga o deje de hacer el cabezón con su corneta me da lo mismo, el tema es que, debido a su ausencia, me he visto obligado a carretear con el Payaso Chispita casi a diario, y no es que me esté quejando ni mucho menos, todo lo contrario, este payaso entrega tanto material para que lo hueveen que en más de alguna ocasión me ha sacado carcajadas con sus monólogos chantas sobre la vida o ha causado que me orine de la impresión gracias a sus trucos de magia mal hechos, ¡Un plato el Chispita! Por lo mismo mi viejo, fanático de los payasos, me pidió que lo invitara a tomar gratis al clandestino, así tal cual, gratis, todo pagado, sólo a cambio de que se raje con algún show exclusivo para los chicheros que aún sobreviven luego de estos intensos días de farra.

– ¡Ya po Tony Chispeza! ¡Tira fuego por la jeta y te doy otra pilsen! – Le gritó mi taita.
– Estimado señor, nuevamente tendré que señalarle lo mismo: mi nombre no es “Tony Chispeza”, ni tampoco “Tony Manero”, como ha insistido en llamarme toda la noche, ¡Y esto grábeselo bien en la cabeza! ¡Yo soy el Payaso Chispita! ¡Gran actor, malabarista, mimo, acróbata, ilusionista y poeta de las cosas simples! ¡Payaso Chispita! ¿Estamos? ¡Yo soy un artista íntegro señor y, por lo mismo, merezco respeto! Yo entrego sentimiento, pasión y profesionalismo en el escenario, ¡Así que nada de de andar llamándome “Tony no sé qué” ni nada por el estilo! ¿Entendió?
– Te doy una piscola si me dejai decirte “Tony Esbelt”.
– ¿Una piscola? ¿Y con tres hielos?
– Sin hielo.
– ¿Un hielo?
– Ningún hielo, pero servida en un vaso de vidrio, ¿Qué tal?
– Hecho, ¡Bueeeeeeeeeenas noches respetable público!
– ¡Buenas noches Tony Esbelt! – Respondieron los borrachines entre aplausos y vitoreos.
– ¿Quieren sorprenderse? ¿Quieren ver algo nunca antes visto? A ver usted señor, piense en un número del 1 al 10, ¿Es el 7? ¿No? ¿El 4? ¿El 5? ¿No? ¡No importa señor, para la otra será, el primer truco siempre falla! Ahora usted caballero, escoja una carta, ahora métala acá, revolvamos un poquito y… ¿Esta es su carta? ¿Ah no? Estoy seguro que… ¿No? ¡Bueno, hasta los aviones se caen señores! ¡Gracias por sus aplausos, gracias, gracias! Pero no se emocionen, que el show no termina aquí… redoble de tambores por favor… a continuación, mi asistente Matías me traerá un palo de escoba, algunos trapos viejos, una cajita de fósforos y parafina porque, a pedido del respetable… ¡Lanzaré fuego por la jeta! ¡El aplauso espontáneo del público!
– ¡Bravo, bravo! ¡Ídolo Tony Esbelt! ¡Lo más grande! ¡Erí el mejor! – Lo continuaban alentando, más en hueveo que en serio, los espectadores del curioso espectáculo.
– Pero antes… – retomó el Chispita, bajando las revoluciones – quiero mi piscola.
– ¿Qué hueá Tony Esbelt? ¿Pensai que te voy a cagar? – Replicó mi viejo.
– Nada de eso señor, es sólo que este artista necesita su dosis de combustible para funcionar, usted me entenderá.
– ¡Saliste pillo Tony hueón! Ojalá el Mati tuviera más amigos como voh, así de legales, mira que ahora anda diciendo que tiene muchas amistades nuevas, ¿Y cómo? Si pasa solo el hueón po… pa mí que son imaginarios… ¡Ya! ¡No se hable más! Vamos a la cocina a buscar un vasito de vidrio como corresponde y nos pegamos un pencazo bueno, ¡A cagar!

Algo curioso sucede con los borrachos a cierta hora de la noche, y es que, por algún motivo que no sabría explicar, pero me imagino que está ligado a cierto arribismo, comienzan a dar jugo con que ellos no merecen chupar en vasos plásticos. En lo personal siempre he preferido los de ese material, sobre todo unos gigantes que venden para tomar mote con huesillos, aunque es principalmente porque soy mandado a hacer para que se me resbale el trago de las manos, por cada carrete termino, mínimo, con un copete derramado en el piso, ante lo cual mi viejo me putea diciendo “¡Voh tení que tomar en vasos plásticos Mati hueón! Así, cuando se te caiga el copete, yo me puedo tirar al suelo y lengüetear los conchitos que queden flotando por ahí, ¿Cómo va a ser cochino? ¿No hay escuchado de la ley de los cinco segundos acaso? ¡Si el mismo alcohol mata todos los bichitos que viven en el piso! ¡Voh no cachai na´de biología! Mira ahora, quedó todo ese pobre copete desparramado, ¡Y como estabai con vaso de vidrio corro peligro po! ¡No veí que me puedo cortar la lengua! Ya, tráeme una bombilla, no se puede perder ni una gota de trago por culpa de un pajarón”, y debido a este mismo razonamiento prohibió los cristales en su clandestino, ¡Si hasta las botellas de pisco las vacía en los bidones que antes ocupaba para guardar bencina! Pero igual guarda en su cocina un juego de “vasos finolis”, según él, para los clientes más especiales, pero que en realidad de finolis no tienen nada, si le costaron menos de gamba cada uno en un súper del centro, por eso les llamamos “los vasos sin salud”, porque al primer brindis se quiebran las hueás. Pero díganle eso al Payaso Chispita, quien se juraba VIP por gozar del privilegio de chupar en uno de esos trofeos recién sacados de sus cajitas. Se reía solito el hueón cuando mi viejo les tiró un chorro de pisco a los dos vasitos que posó sobre la mesa, luego los relleno con una bebida negra que ciertamente no era Coca-Cola y, alcanzándole el vaso con menos contenido, le dijo “brindo por el inicio de una gran amistad, ¡Al seco Payaso Chispita! ¡Salud!”… Luego todo sucedió demasiado rápido: el Chispita, emocionado por esta sorpresiva muestra de afecto, se mandó la piscola de un puro trago sin siquiera cerrar los ojos, y abrió tanto la boca para que el copete le pasara directo al buche que no se dio ni cuenta que, al hacer el salud, un tremendo trozo de vidrio se desprendió del borde de su vaso, cayendo al fondo del mismo sin ser percibido más que por mí y por mi viejo, quienes miramos aterrados como el Chispita saboreaba su piscola y se tragaba, con cierta dificultad, el cristal que se le coló de sorpresa mientras exclamaba lleno de placer “¡Ay, un manjar! ¡Y con hielito ah!”.

El show del Chispita tirando fuego por la jeta se postergó hasta nuevo aviso. De todas formas, mi viejo aseguró que le cobrará la piscola apenas lo den de alta. Y el vaso también.

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