31 May

Capítulo 92: Mi cita con “Confesiones de Soltera” (parte 1).

Jueves 28 de mayo.

– Mati, creo que nunca te lo he preguntado… ¿Hace cuánto conoces mi página?
– Desde que se llamaba “Confesiones de Soltera Caliente”, obvio, aunque no recuerdo el día exacto… la había visto antes de crear “Hijo de Tigre” eso sí, muchas amigas te leían y compartían tus relatos, pero nunca te puse atención, pensé que eras una bloguera más… menos mal me di cuenta a tiempo de que no era así…
– Yo conocí “Hijo de tigre” con la historia de la Coni… Apenas la terminé me leí todo tu blog, después te escribí por interno desde mi Facebook personal haciéndome pasar por una fan, sólo para saber si tú eras tal como te mostrabas en tus historias… Al poco tiempo compartiste mi fan page, ¡No lo podía creer! Fue una coincidencia enorme.
– ¿En serio me escribiste desde tu Facebook real? Y pensar que te lo he pedido mil veces y aún no me lo das…
– No quiero que te dé cáncer a los ojos por la belleza que irradio.
– No te preocupes por eso, el Wladimir de mi viejo tiene propiedades que curan específicamente ese tipo de cáncer.
– ¿Ah sí? Entonces, ya que tienes la cura, te enviaré una serviu… así me reconocerás mañana… ¡Listo, ahí está!
– ¡Mierda! En serio… ¿Eres tú?
– Sí. Disculpa la poca ropa, no tenía ninguna polera a mano, sólo la cámara.
– La cagó… eres… no sé cómo decirlo… ¡La imprimiré de inmediato! No me gusta tener fotos privadas en el teléfono, mi viejo siempre lo revisa y… tú sabes…
– ¿Y no me enviarás una serviu tuya acaso?
– Prefiero que descubras que soy más feo que el tajo de la tula mañana, frente a frente, así no tendrás opciones de escapar.
– ¿Pero entonces… cómo te reconoceré?
– Tranquila… confía en mí… todo saldrá bien.

Viernes 29 de mayo

¡No debí haberle dicho que confiara en mí por la chucha! “A las 5 en punto estaré afuera del Telepizza de Baquedano”, me dijo, y yo iba atrasado y ni siquiera había memorizado su rostro, ¿Y cómo lo iba a hacer, si cada vez que miraba la foto que me envió lo único que hacía era mirarle las gomas? ¡Y de ahí puta que me costaba despegarme! Y no quiero decir que no fuera linda, ¡No señor! Porque todo los rasgos que me gustan de una mujer estaban plasmado tras la famosa “Soltera caliente”: pequeños ojitos pardos que se lucían bajo unas largas pestañas, nariz menudita y coquetona, pelo ondeado color castaño oscuro y, lo mejor de todo, unos labios corneteros de infarto ideales para las artes amatorias… pero ahí iba yo, puro pensando en las tetas de la serviu, ésas que me miraban fijamente susurrando “ven Matías, no tengáis miedo, no mordemos, pero queremos ser mordidas…”, y disculpen lo poco romántico, sólo intento ser lo más sincero posible. Y bueno, continuando con la sinceridad, lo único que pensaba mientras iba en el taxi a la gran cita era que iba a parecer hueón al lado de una mina tan linda, me imaginé caminando por Bellavista junto a ella mientras la gente le decía “disculpe señorita, ¿Este degenerado le está haciendo algo? ¿La quiere asaltar? ¿La está molestando?”, ¡Pero filo! Como bien dice mi viejo en sus momentos de duda, “cuando tení el pico metío hasta el fondo, no sacai na´con echar el poto pa´elante”, así que había que darle no más, ¿Qué malo podría pasar?

Pese a todos mis pronósticos, llegué a Baquedano 15 minutos antes de lo presupuestado así que, como buen califa ansioso e hiperventilado que soy, comencé a buscar con desesperación a mi cita entre la multitud de jóvenes veinteañeras morenitas y de rasgos autóctonos que te puedes encontrar en Santiago Centro, “¿Soltera Caliente, eres tú?” Le pregunté a una chica que cojeaba, y sólo recibí una mirada de odio de vuelta, “¿Soltera Caliente?” Continúe preguntándole a quien se me cruzara, “¿Soltera? ¿Soltera Caliente? ¿Señorita Soltera? ¡Oye! ¿Tú eres la Soltera Caliente? ¿No? Pero no me pegues, sólo me equivoqué, ¿Señorita Soltera Caliente? ¿No? ¿Señorita Caliente? ¿Caliente? ¿Sí? ¿Tú eres? ¿En serio? ¡Al fin!”, No me costó tanto, ¿Vieron? Sólo fueron 10 minutos de búsqueda, a lo mucho, y ahí estábamos frente a frente, sonriéndonos, acercándonos tímidamente, luego de tanta espera, después de tantos rodeos…

– ¿Soltera? ¿La dura?
– Sí po hueón, ¿Por qué me seguí preguntando la misma hueá, care´vío´?
– ¡Es que no lo puedo creer! Compréndeme, estoy emocionado…
– Ya, si no es pa tanto tampoco la hueá, y estay metiendo mucha cháchara, ¿Vamoh a atinar o no?
– ¿Atinar? ¿Ahora?
– Sí po, ¿O si no pa´qué me llamaste? ¿Ah?
– Bueno, está bien… pero quería conocerte primero, hablar de la vida, contarte de mis gustos, ¡Mira! Traje un álbum de fotos de cuando era chiquitito, ¿Quieres verlo?
– ¡Puta el culiao fome! Cuando me hablaste te tuve fe, pero erí harto penca.
– Chuta… o sea, lo siento, en serio… yo igual pensé que eras un poco distinta, en la foto que me enviaste tenías todos tus dientes, por ejemplo, y te veías un poco más alta… y nunca me comentaste que tenías esa cicatriz, ¡Pero no importa ah! Igual es grande, ¿Te la hiciste en una pelea? ¡No, pero en serio no importa!
– ¿Qué hueá loco culiao? ¿De qué foto me estay hablando?
– ¿Tú eres Soltera o no?
– Sí po gil, ¿Qué hueá te he dicho todo el rato?
– ¿Soltera… Caliente?
– ¡Sí po! Por esa hueá te estoy diciendo, yo venía a comprar puchos, voh me preguntaste si era caliente, te dije que sí y qué tanta hueá.
– Perdón… Creo que estoy confundido… ¿Tú tienes un blog, o no?
– No hueón, no vivo en bloc, pero tengo una casa por acá cerca por si querí que nos matemoh a cacha´, ¿Vamoh, o querí seguir preguntando hueás?
– Mierda… No, pucha, no, disculpa, ¿Qué hora es? Las cinco diez por la chucha, me tengo que ir, lo siento, en serio lo lamento mucho, pero alguien me debe estar esperando.
– No culiao, voh me llamaste, yo acá estoy, así que mínimo me poní un atraque, o si no dejo la cagá y me pongo a gritar que me estabai violando.
– No serías capaz de hacer eso…
– ¡Carabinero! ¡Carabinero! ¡Este hueón me mostró la pichula, señor Carabinero!
– ¡Puta, ya, ya! ¡Qué hago!
– Na po chuchetumare, ponme un calugazo bueno eso sí, no me vai a dejar pagando ni cagando.
– Es que… sin ofender… me da un poco de asco…
– ¡Cómeme perro! ¡Cómeme o te dejo la cagá! ¡Y méteme la lengua hasta el contre chuchetumare! A la una, a las dos, y a las…

Y ese, amigos mios, fue el primer beso que di aquel día… pero no el mejor… o no sé… ¡No, no! ¡Definitivamente no el mejor!

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