04 Jun

Capítulo 95: La profe.

– Despabila el rostro Mati hueón, parecí perro envenenao´.
– Na´que ver viejo, estoy bien, no me pasa nada.
– Tranquilo hijo, tranquilo… ¿Te digo algo? no todos nacen sabiendo de sensualidad, y si lo metiste 3, 4 ó 5 segundos, ¿Qué importa? Lo bueno es que al fin comiste bueno, y con eso debes conformarte.
– ¿Qué? ¿Y tú cómo sabes eso? ¿El cabezón Rubén te contó?
– Puedo olerlo Matías, mi olfato me cuenta todo lo que hiciste el día de tu cita, y déjame decirte que aún llevas su aroma pegado a ti… recuerda que tengo ese súper poder…
– Puta viejo, puede que tengas razón, ¿Pero sabes? A veces, cuando uno conoce a alguien demasiado especial, lo mejor es tomar una decisión madura y reconocer que una amistad firme y duradera es más valiosa que una relación pasajera y que, a la larga, puede tornarse monótona, ¿Cachai? ¿Viejo? ¿Viejo, me cachai?
– Puta Mati hueón, no pesqué ni una de las mariconadas que dijiste, estaba pegado olfateándote… Buen buqué ah, ¡Mira, si hasta se me paró un poquito! ¿Sacaste fotos? ¡Dime que sí! ¿Grabaste escondido por último?– Viejo, para, cambiemos de tema mejor…
– Está bien, sólo por esta vez te entenderé… pero únicamente porque la expresión de tu caracho me recuerda a la que teníai cuando estabai enamorado de la señorita Leila.
– Puta viejo, ¿Otra vez me vai a hueviar con eso?
– ¡Es que era fea la vieja po! ¿Profe de Castellano, cierto? ¡Puta que estabai enamorao´ Mati hueón! ¡Si te llegaste a recagar cuando la viste besuqueándose con su esposo afuera de la escuela! ¿Te acordai? ¡Incluso te intentaste matar tomando vitamina C! ¡Jajajaja, puta que erí hueón!
– ¡Pero viejo! ¡Yo tenía 8 años po! ¿Quién no se ha enamorado de una profesora?
– ¡Pero era un monstruo esa vieja po Mati hueón! Desde chiquitito se te notaba que teníai el gusto en el poto ah…
– A ver, ya que te creí tan choro, ¿Acaso tú nunca te enamoraste de una profesora?
– ¡Obvio que sí! Pero yo me enamoré de una profe rica, alta, curvilínea, con lindas piernas y buena silueta.
– ¿La dura viejo? Nunca me habíai contado.
– Sí po, yo le mandaba las tremendas cartas de amor, le tiraba besitos y en más de una ocasión le llevé una manzana de regalo.
– Quién lo hubiese dicho, tení tu lado tierno también ah…
– Sí po, obvio, si yo sé del tema… aunque siempre supe que era un amor platónico no más, una pasá de rollos pa llegar a macaquearme a la casa pensando en ella y nada más…
– ¿A macaquearte? ¿Qué onda viejo? ¿Cuántos años teníai?
– Puta, no sé, no me acuerdo… pero ya llevaba varios años casado con tu mamá porque, cuando la profe me acusó con el director, me pidieron al toque que dejara de ser tu apoderado.

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