09 Jun

Capítulo 96.1: Crónica de un apocalipsis anunciado (la declaración del negro Fidel).

La noticia se esparció rápidamente por todo el barrio: luego de una mocha épica durante la madrugada del domingo, con epicentro en el clandestino de mi viejo, la relación entre éste y la hermana Luna definitivamente llegó a su fin.

Las versiones de la historia son numerosas y contradictorias, esto debido a que todos los testigos se encontraban tan borrachos que fueron incapaces de hilar un relato coherente cuando se les preguntó qué chucha detonó semejante caos, y en lo único que están de acuerdo es en que el susto fue grande, las botellas que volaron por el cielo fueron decenas y que hasta un Guanaco tuvo que llegar a tirar agua para calmar los ánimos, aunque esto último no me lo creo mucho… De todas formas, corté por lo sano y saqué a relucir lo poco y nada que aprendí el año que estudie Perito Criminalístico, y todo con el fin de embarcarme en una investigación exhaustiva e intentar responder una sola pregunta: ¿Por qué chucha terminó mi viejo con la hermana Luna?

I. La declaración del negro Fidel: El dueño del toples más infeccioso de Santiago Centro fue enfático en asegurar que lo sucedido sólo se podría comparar con el inicio del apocalipsis: “¡Quedó la casa de putas más grande Matías!”, comenzó declarando, y eso, al menos para él, ya era mucho decir. “Todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos: estábamos todos felices, tomando pisco con Yupi y picando unos trocitos de mortadela, cuando de pronto tu padre fue a su cuarto a buscar unas gotitas para no sé qué y, ¡Paf! La gritadera se inició. “Parece que están cagando a mi compadre”, me dijo el flaco Lucho al oído, “¡Pero cómo se te ocurre!” Le grité yo, “¡Si la hermanita Luna es una mujer intachable, seria, buena clase!” Y defendiéndola con garras y uñas estaba cuando veo salir corriendo de la pieza al Care´Laucha, a raja´pelá´ y cubriéndose la diuca con un peluche parecido a ti… ¡Ah, mierda! ¿En serio era tuyo? Cuánto lo siento… ¡Pero no llores! Con una simple lavadita le puedes sacar los restos de moquillo que le quedaron en la boca, no es nada grave, aunque el olor no sé, el Care´Laucha es famoso por ser de callampa fuerte… ¡Pero bueno! Lo que vi luego fue a tu padre correteando al huevón éste por toda la casa, después tomó una escoba y aseguró que se la iba a clavar por el culo para que sintiera el dolor que él estaba sintiendo en esos momentos… Ya a esa hora todos se encontraban de pie, confundidos y gritando por las puras, incluso muchos se habían unido a tu viejo en la cacería, de puro curados que estaban. La situación me recordó a cuando juegan al “chancho encebado” para los dieciochos, porque el vivaracho del Care´Laucha se untó un frasco de lubricante por todo el cuerpo y, por lo mismo, cada vez que alguien alcanzaba a tomarlo el hueón se resbalaba y seguía corriendo entre los sillones… Yo no sabía qué hacer, miré al flaco Lucho para ver qué opinaba, pero no lo encontré por ni un lado, sin embargo vi que tu taita estaba arrodillado en una esquina sollozando, pobrecito, se veía tan indefenso intentando recuperar el aliento para seguir persiguiendo al Care´Laucha que no atiné a más que llevarle un cortito de pisco para que se hidratara. Ahí fue cuando le pregunté qué había pasado. En pocas palabras, me contó que la Luna tenía ciertos problemas con eso de la fidelidad, “¿Cómo es eso compadre?”, Le pregunté, y me explicó que la había pillado poniéndole los cuernos 49 veces, “¡Pero cómo compadre!” Le dije yo, “¡Eso es remucho, usted es más gorriao´que la cresta!”, Y me explicó que sí, pero que tan hueón no era, porque que le advirtió a la Luna que si la pillaba una vez más él se iba a aburrir y, quizás, la dejaría. “¿Pero cómo aguantó tanto compadre?”, Le pregunté, “¿Con quién la pilló la primera vez”, “Con este mismo hueón po”, me respondió, “una noche llegué más temprano a la casa y los pillé afilando arriba del comedor”, “¿Arriba del comedor compadre, me está hueviando?”, “Sí po”, respondió, “arriba del comedor, piluchitos, gritando como chanchos”, “Pero compadre”, le dije para intentar comprenderlo, “¿No les dijo nada en aquella ocasión? O sea, los pilló afilando bajo su propio techo y… puta compadre, ¿Hizo algo, tomó alguna medida más que sea?”… Ahí fue cuando mi compadre alzó la vista al fin y me miró emputecido, justo antes de responderme de un puro grito: “¿Alguna medida? ¿Si tomé alguna medida? ¡Y cómo se la iba a medir Fidel por la chucha, si el hueón se la tenía toda aentro´!”.

Comentarios

Comentarios