10 Jun

Capítulo 96.2: Crónica de un apocalipsis anunciado (la declaración de la Oye).

Empleando mis paupérrimas dotes de detective me embarqué en una investigación exhaustiva para responder a una pregunta que despierta más morbo que cualquier otra cosa: ¿Por qué chucha la relación entre mi viejo y la hermana Luna llegó a su fin? Las declaraciones que obtuve son contradictorias, pero aportan pequeñas piezas que me ayudarán a armar un panorama general de lo sucedido.

II. La declaración de la Oye: La ex del cabezón Rubén continúa siendo un misterio para todos nosotros. La conocí aquel fatídico día en el cual casi nos pegamos un swinger en mi departamento (sí, justo antes de que la Vanessa me mordiera un coco); al poco tiempo terminó con el cabezón, luego de que éste tirara el poto pa´ las moras en otro improvisado intercambio de parejas guiado por mi viejo junto a la hermana Luna y, para rematarla, se quedó trabajando en el staff de putas que esta última mantiene en el clandestino tras descubrir que saltar arriba de la corneta era su real vocación, aunque hasta ahora su único cliente ha sido, era que no, el cabezón Rubén, y todo gracias a que este pobre tonto, cegado por el amor, se consiguió otro trabajo con el único fin de poder costear los servicios de su ex a tiempo completo. Si el gesto es romántico, o derechamente ahueonao, queda a juicio de cada uno.

El sábado pasado la Oye inició su turno a las 11 de la noche, y a las 11:05 recibió un llamado del cabezón Rubén avisándole que se tuvo que quedar haciendo horas extras en su nueva pega, pero que no se preocupara, que le pagaría el turno de todas formas, sólo debía ser paciente y no darle la pasada a ni un otro hueón. “Yo no tenía dramas con reservarle el polvo”, me aseguró la Oye, “pero el Care´Laucha andaba catete, quería echar a pelear los meones conmigo a como diera lugar, llevaba semanas esperando una hora y en aquel momento al fin me encontraba con la resbalosa disponible. Le dije a la Luna que no se la iba a prestar na´, el Rubencito era mi mejor cliente, mi único cliente, a veces me pagaba sólo para llorar desnudo a mi lado y declamarme poemas, así que no quería arriesgarme a que me pillara pasá´ a quesillo y después no viniera a verme nunca más. Mientras discutía con la Luna, caché que tu viejo estaba armando una hueá media rara arriba de la mesa del comedor, ponía una ruleta por allá, unas fichas por acá y unos vasitos alrededor. “¡Qué hueá estai inventando ahora hueón oh!” Le preguntó la Luna de un solo grito, y él le respondió que estaba parando un casino de apuestas, care´raja, “tu usai el clandestino para negociar con tus mujerzuelas, yo lo usaré para ganar unas lucas extras con mis juegos de azar, ¿Algún drama?”, Agregó desafiante, y puta, ahí le ardió el hoyo a la Luna, empezó a hueviar con que ahora los borrachines no iban a querer afilar por estar tirando daditos y jugando cartitas, “¿Voh querí acaso que se lo gasten todo jugando al poto sucio?” Le dijo emputecida, “¿Y qué tiene?”, Le respondió tu papá, “seguro tus putas tienen la raja muy limpia po”. Ahí la Luna se quedó en silencio, pero no ese silencio que uno hace cuando agacha el moño, ¡No no no! Se quedó con el demonio adentro, echando humito hasta por el chico y, mascando la rabia, se fue a encerrar al baño, pero no sin antes pegarle una mirada libidinosa al Care´Laucha, y no quiero sonar exagerada Mati, pero te juro que sacó del interior su mejor cara de buena pal´pico y se la dedicó a ese feo culiao, así tal cual.

Los minutos fueron pasando y el clandestino se comenzó a llenar. Entre trago y trago los parroquianos se iban sumando a la mesa de juegos de tu papi, mientras la Luna miraba con cara de culo como sus putas tenían menos pesca que el canal del senado. Yo fui a meterle conversa, le dije que intentara pasarlo bien, que de eso se trataba el amor, de sacrificar cosas, y ella respondió con una sonrisa y una frase salida desde lo más profundo de su corazón: “tení razón guacha culiá´, menos mal usai la boca pa´algo aparte de tragar pichulas… te quiero…”, y fue donde tu papá, quien la recibió feliz y la sentó en su regazo… y puta Mati, lo pasamos la raja, hubiesei visto cómo los billetes volaban de un lado a otro mientras se desafiaban a todo tipo de hueás, “¡Apuesto 5 lucas a que el flaco Lucho no aguanta una patá´en las hueas!”, “¡Y yo 10 lucas a que el negro Fidel no es capaz de quemarse los pendejos con este encendedor!”, En serio estábamos de lo mejor hasta que tu viejo se picó porque le dijeron que no era capaz de pasarle la lengua por los cocos al chico Maicol a cambio de 30 lucas, “¡A cualquier otro se la hago!” Aseguró, “Pero al chico Maicol no, es muy fome este culiao, no se lo merece”, así que propuso que mejor jugáramos a la ruleta, así conservábamos un poco de dignidad y pasábamos un rato ameno sin dañar a nadie… Grave error, porque después de un par de jugadas no se le ocurrió nada mejor que sacar un dado de su bolsillo y decirle a la Luna “venga para acá mi corazón, si usted es mi amuleto de la buena suerte, la fortuna hecha mujer, venga, eso, dele un besito para que salga un número ganador, dele, dele”, y la Luna, que hasta el acto más sencillo lo realiza como si estuviera actuando en una porno, comenzó a besar con cuática el famoso dado y, no conforme con eso, se puso a chuparlo, después le pasó la lengua por cada hoyito de cada número y, para poner el broche de oro, se lo metió a la boca e hizo gárgaras con él, al mismo tiempo que el flaco Lucho la miraba con ojos enormes y lanzaba una carcajada estruendosa para clamar “¡Oiga compadre! ¿Pero ese no es el dado que el otro día le metí por la raja cuando se quedó dormido antes que yo? ¡Ahí sí que la cagó! ¡Tenía que botarlo pue!”. De ahí no supe más, justo llegó el Rubén a cobrar su hora y me paré en el aire a echarme una lavá´, todo con tal de no estar cerca cuando la Luna le devolviera la talla a tu papi… pero se le pasó la mano, cuando en la madrugada la vi quemándole su colección de “Vida Afectiva y Sexual” y lo obligo a jalarse las cenizas me di cuenta que sí, que se le pasó la mano…

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