13 Jun

Capítulo 96.3: Crónica de un apocalipsis anunciado (la declaración del flaco Lucho).

III. La declaración del flaco Lucho: Poco tiempo ha pasado desde que el flaco cerró definitivamente las puertas de su clandestino, pero con sólo mirarlo uno cacha que su vida está mejor que nunca. El motivo, muy simple: pese a lo que inocentemente pensábamos, el tener un clandestino y, a la vez, una botillería – y a eso sumándole un grupo de amigos cafiches y a una señora interesada – puta… ¡Era una idea más hueona que la chucha po! Hoy en día la botillería le está entregando tal nivel de ganancias que, incluso, se dio el lujo de contratar a un perquín para que se la atienda. Además, aseguró que en un tiempo más le pondrá las tremendas tetas a su esposa, todo porque la vieja quiere ser la bailarina más rica de su taller de zumba, y está pensando en adoptar a un cabro chico haitiano, a ver si cumple al fin su sueño de ser abuelo, porque con el Tomás (A.K.A. La Gonzala) ya perdió toda la esperanza.

Según me sopló la Oye, de haber alguien que supiera bien lo que pasó durante la madrugada del domingo (cuando la relación entre mi viejo y la hermana Luna llegó a su fin, con escándalo épico incluido), ese alguien sería el flaco Lucho. Sin más rodeos, fui a su casa a continuar con mi investigación, y lo que descubrí me hizo entender que todo lo ocurrido aquella noche no fue más que la punta del iceberg de algo mucho más grande.

– Toma asiento Come Quesillo, si es que puedes…
– Don Lucho, una vez más le digo que no se ve bien que usted haga chistes homofóbicos, ¿Le tengo que explicar el porqué?
– ¡Puta que te poní fome Come Quesillo hueón! Te falta sentido del humor, si seguí así te vai a convertir en un viejo culiao amargado, así como una hermana Luna en versión hombre… aunque igual tú eres más femenino, para qué andamos con cosas.
– ¿La hermana Luna… amargada?
– ¡Claro que sí po! ¡La peor! Vierai la cara de poto que ponía cuando le jugaba alguna broma, ¡Y puta, la hueá es sin quejarse po! Las reglas de los clandestinos son claras: el que se queda dormido, caga.
– No me diga que…
– ¿Qué tiene? ¡Una noche se quedó dormida antes que todos po! ¿Es culpa mía acaso? Aparte, no le hice nada grave…
– ¿No?
– Obvio que no po, ella es la pareja de mi mejor amigo y, por lo mismo, de debo respeto… además, esta vez lo único que hice fue entrar a su pieza y untarle polvo pica-pica en los calzones, nada grave, ¿Viste? Aunque el que más sufrió al otro día fue tu papá, pero después me contó que se fue cortado de tanto rascarse, así que me terminó agradeciendo.
– Ustedes están cagados de la mente…
– ¡Dale color Come Quesillo! Aparte, ese no fue el problema, lo peor vino después, cuando los tortolitos vinieron a tomar once a la casa y mi señora, viendo que la hermana Luna no paraba de refregarse, le dijo “¡Buena po Rasca Choro! ¿Te presto un rastrillo mejor? Mira que la mano a voh te queda chica”… tú sabes que mi señora tiene una fijación con los sobrenombres, ¿Cierto Come Quesillo? ¡Pero nunca pensamos que la Luna se iba a poner a llorar po!
– No era para menos, cualquiera se hubiese ofendido.
– ¿Ofenderse? ¡De qué hueá estai hablando! ¡Se puso a llorar de emoción hueón! ¡De emoción! Nos contó que así la apodó su papá cuando era chiquitita, “buenas noches mi Rasca Choro”, le decía antes de irse a cantar a los bares del puerto, “déjese tranquila la cosa por un rato, ¿O acaso quiere dormir con las manos amarradas de nuevo?” ¡Tu viejo estaba pa´ la corneta! Nunca se le pasó por la mente que la Luna tenía sentimientos, ¡Y qué iba a saber, si lo único que hacen es pelear y afilar! El punto es que, para pasar las penas, saqué de la botillería un par de garrafas, algunos sobres de charqui para afirmar la guata, unas láminas de mortadela lisa para refrescar el paladar, unos dados y cuatro vasos para juagar al cacho, y se armó el hueveo.
– Bueno don Lucho, ¿Y qué tiene que ver todo esto con lo que pasó el domingo?
– ¡Tranquilo Come Quesillo hueón! ¡Para allá voy! En un momento de la noche tu viejo partió corriendo al baño, mi señora se fue a acostar y yo me quedé conversando con la hermana Luna. Dentro de la curadera la Lunita empezó a patalear porque tu papá era poco romántico, o algo así, y que ella igual tenía su corazoncito, que incluso en sus ratos libres escribía poesía, su sueño era sacar algún día un libro titulado “Memorias de una puta triste”, pero el problema era que, cada vez que le leía uno de sus sonetos a tu viejo, éste le decía “¡Aro aro aro! ¡Puta que payai bonito Luna por la chucha! ¡A ver, cántate una cueca ahora! ¡Vueeeeeeelta!”…
– Como el pico ah…
– ¡Claro po! Y entre más reclamaba más chupaba, y entre más chupaba más se enojaba, hasta que llegó un momento en el que se calmó, tomó un poco de aire y me dijo “flaco Lucho…” ¡Ahí yo tirité conchetumare! “Esta loca me va a culiar”, pensé, pero nada de eso, “dígame, hermana Luna”, “a ti te gusta hacer bromas, ¿Cierto?”, “Sí hermana Luna”, “¿Y a tu compadre le haríai una o no?”, “Eso ni se pregunta hermana Luna”, “Entonces vamos”, me dijo con voz macabra, “este culiao me las pagará todas”.
– ¿Y mi viejo seguía en el baño?
– ¡Ahí estaba el hueón! Raja, arrodillado frente al wáter, con los pantalones abajo y la cabeza casi sumergida en su buitreo… era llegar y ponérselo, ¡O sea! Si yo hubiese sido degenerado ése habría sido mi primer pensamiento, pero menos mal soy una persona decente, ¡Menos mal! Por lo mismo, cuando la hermana Luna me dijo “ya flaco Lucho, metámosle uno de los vasos con los que jugamos cacho por el hoyo”, yo le dije que no, que era mucho, que después no le iban ni a sonar los peos a mi compadre, “entonces ensartémosle un pedazo de charqui”, continuó, y le dije de nuevo que no, porque la comida la da diosito y no se debe desperdiciar, “¿Entonces qué chucha le metemos flaco Lucho culiao mamón?”, Me preguntó, y puta, igual no era la idea cagar a mi compadre, así que miré a mi alrededor y le zampé lo más chiquitito que tenía a mano: un dado… ¡Pero que conste! Le eché un poquito de jabón antes de dejárselo caer, nunca tan macabro tampoco.
– ¡Por eso estaba trancado el pobre viejo po! Después, cuando cagó ese dado, juraba que era una señal de buena suerte, y ahí fue cuando se le ocurrió instalar un casino dentro del clandestino.
– ¡Sí po! Y puta Come Quesillo, yo no me la pude con la culpa… aparte, le había jurado a tu papá que yo no tenía nada que ver con el incidente del dado, pero cuando llegué el sábado pasado al clandesta y lo vi instalando la mesa de juegos y rallándola con la hueaita de la suerte, no me quedó otra que decirle la verdad, que todo había sido idea de la Luna y que yo no era más que una simple marioneta, entonces mi compadre sacó el dado de su bolsillo y lo empezó a mirar con pena, y yo le dije que botara esa hueá, que no fuera chancho, si lo tuvo como tres días dentro del culo, cómo tanto, “no te preocupí flaco Lucho”, me dijo, “no te preocupí, tengo que usarlo para algo antes, y después lo tiraré… voh tranquilo no más”.
– Ahora entiendo, entonces…
– Claro, la Luna, que no tenía idea de que tu viejo sabía la verdad, terminó haciendo gárgaras con el famoso dadito en el calor del juego, sin saber que era el mismo que le habíamos metido la semana pasada, y después, cuando a mí se me salió la firme, se picó tanto que se llevó al Care´Laucha pa la pieza y le hizo la cochiná´. Lo demás ya es historia conocida.
– O sea… que la Luna haya destrozado la mitad de la casa de mi viejo, que el Care´Laucha quemara casi todo clandestino y llevara a su pandilla a desmantelar el living, que mi viejo haya tenido que jalar cenizas y que, además, perdiera toda la inversión que hizo en su local, fue todo por culpa de… ¿Un dado? ¿Todo eso por una cagá de dado?
– Sorprendente la hueá ah… la gente está muy loca últimamente Matías, hay que elegir con pinzas con quien juntarse, uno no sabe con qué demente se puede encontrar en el camino de la vida… y a todo esto, ¿A tu papá lo soltaron ya?
– Estamos en eso, la Luna nos está cobrando más o menos caro para retirar los cargos que inventó.
– Puta, ¡Hagamos un bingo po!
– En realidad, don Luís, a mí se me había ocurrido otra cosa…
– ¿Ah sí?
– Claro que sí… cuénteme algo… ¿Qué hay de cierto en que usted es seco para organizar concursos?

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