26 Jun

Capítulo 98: “Grandes Olimpiadas flaco Lucho – Versión MMXV” (parte 3).

Tercera competencia y final: “Festival de disfraces pal pico”. 

– Puta don Lucho, le juro que no entiendo… ¿Lo único que tenemos que hacer es ponernos un traje en la corneta, luego dejarla caer sobre la mesa y esperar los aplausos del público?
– Sí po, ¿Cuál es el problema?
– Entonces… ¿Esta competencia no incluye copete, ni sufrimiento, ni vómitos ni riesgo de accidentes? Es que no lo puedo creer…
– Mira Come Quesillo, el “Festival de disfraces pal pico” es más que una simple competencia, ¿Me captai? Hasta acá llegaron las niñerías y los concursos rancios, porque este festival es arte puro, es un tributo a la creación, una oda al cuerpo humano, una alabanza al diseño y un canto a las bellas formas; es más que un simple cosplay genital, es algo que va más allá de lo entendible, ¿Y sabes por qué? Porque hay que sentirlo, vivirlo, porque es arte y ciencia a la vez… es armonía, es técnica…
– Qué profundas sus palabras don Lucho, le juro que me conmovió.
– Y entonces, ¿Qué traje te vai a chantar en la pichula Come Quesillo hueón? Recuerda que está permitido ponerse algunos accesorios colgando de las hueas´, no hay problemas con eso.
– Puta, aún no sé… traje varias opciones, pero me da cosa andar mostrando la presa en público así como así…
– ¿Así como así? ¿Sabes quién amaba este concurso Come Quesillo? ¿No lo sabes, cierto? Tu padre, ¿Te acuerdas de él? Tu padre, el hombre que ahora está en cana y que su liberación depende de las lucas que logremos juntar hoy, así que supera tus trancas, ándate con la frente en alto pal baño, lávate la diuca bien lavá´, déjala reluciente y vístela como si la hubiesen invitado a comer al local más pirulo de la capital, ¿Estamos? Ésta es la tuya Come Quesillo, ésta es la tuya…

Luego del accidente del payaso Chispita y de la curadera de la esposa del flaco Lucho, sólo quedábamos en competencia el cabezón Rubén, el chico Maicol y, claro, yo. Iban a ser recién las 6 de la tarde, y los síntomas del viejazo ya me comenzaban a visitar… y no era para menos, en sólo un par de horas me habían hecho tomar pipeño, recibí un punteo del cabezón Rubén que me tiró a la chucha, me curé tomando vino al seco y tuve que meter las patas al hielo con tal de seguirle el amén al flaco Lucho… pero no importaba, nada de eso importaba, era demasiado tarde para tirar la toalla, los viejujos estaban apostando en grande y despilfarraban plata como locos, y todo eso permitiría pagarle a un abogado decente que agilizara la liberación de mi viejo y, además, podríamos mojar con algunas lucas a la hermana Luna para que no soltara que la casa que compartieron ambos funcionaba como clandestino, prostíbulo, casino y quizás qué hueá más… Y en eso estaba cuando me quedé pegado observando a un grupo de borrachines que se entretenían jugando al cacho, aprovechando el descanso entre competencias para echar la talla y mojar el gargüero y, dentro de mi curadera, creí escuchar la risa de mi viejo… esa risa burlesca y carrasposa que tantas veces me dedicó, y con nostalgia pensé en él, pensé en cuánto lo extrañaba, en toda la falta que me había hecho, y fue tanto lo que pensé en él que en un momento me lo imaginé sentado en aquella mesa, tomando vino directamente desde una garrafa, sacando su celular para mostrarle a los demás su galería de minas en pelota, y en un abrir y cerrar de ojos las imágenes de mi mente se comenzaron a tornar reales, demasiado reales diría yo, hasta que me di cuenta de que no se trataba de un espejismo, ni menos de una alucinación producto del copete, y fue tan picante el ají que sentí en el hoyo que sólo atiné a abrir la boca para clamar entre dientes un “¡Viejo reconchetumadre!” que salió desde lo más profundo de mi ser.

– Buena po Mati hueón, ¿Qué contai?
– ¿Que qué cuento? ¡Que qué cuento! ¡Papá, qué chucha hací acá! ¡Se supone que estai en cana! No me digai que te fugaste viejo hueón, de ésta sí que no te salvo, no no no.
– ¿En cana? ¡Ah, sí! Me soltaron el miércoles… no sé qué hueá, fiscalía se movió rápido, el tribunal dijo que no soy na´ peligroso y un montón de palabrerías que son demasiado lateras de explicar, así que no preguntes.
– ¿Así de corta? ¿Y no pasó nada con la media cagaita´ que dejaste en el pasaje? ¿El Care´Laucha no presentó cargos? ¿La Luna no te mariconeó? ¿Y el abogado? ¿Cómo pagaste el abogado?
– Puta Mati hueón, no te metai en hueás…
– ¿Mi tío Tucapel movió sus contactos desde dentro, cierto?
– No quiero hablar de ese culiao.
– Papá, es tu hermano… y deberías estar agradecido…
– Mira Mati hueón, lo único que importa es que estoy acá, libre, más vivo que nunca y, lo mejor de todo, con el chico casi intacto.
– ¡Sí po viejo! Pero te soltaron el miércoles, y hoy es domingo, ¿Dónde mierda has estado todo este tiempo?
– ¡Poniéndome al día po Mati hueón! La monogamia me tenía loco, ¿Voh sabí lo que se siente remojar el cochayuyo a cada rato en la misma fuente? Y para qué andamos con hueás, esa fuente estaba harto gastada, nadie se preocupaba de sacarle el sarro y tenía el agua media podrida ya…
– Viejo, para…
– ¡Y qué decir del olorcito que tenía esa fuente hueón oh! ¡Si de tanto uso ya parecía cloaca la hueá!
– ¡Ya, mucho!
– Matías…
– ¿Qué?
– Te quiero confesar algo…
– Dime…
– Cuando hablo de la fuente, en realidad no me estoy refiriendo a una fuente… me estoy refiriendo a la concha de la Luna…
– No me digas…
– Sí, en serio… Y por eso, para volver a las pistas, me fui a encerrar al toples del negro Fidel. Afilé hasta que la corneta me pidió clemencia Matías, te juro, mi corneta me hablo; en la mañana, cuando fui a mear, me la miré y me dijo “¡Piedad mi amo, por favor piedad! Tengo sed, me siento débil, deme la eutanasia, máteme por favor, ahórqueme, se lo ruego”, entonces fui donde el chico Maicol a comprar algo para revivirla, pero tenía cerrado… menos mal que en la puerta dejó colgado un papelito avisando que andaba dando la cacha acá. Por eso vine.
– Entonces llegaste justo a tiempo, en un rato iba a comenzar el “Festival de disfraces pal pico” pero, considerando que lo hacíamos por ti y que ya estás libre, podemos terminar con esta tontera de una buena vez y retomar nuestras vidas.
– ¿Qué? ¿Quieres cancelar el “Festival de disfraces pal pico”? ¿Mi concurso favorito?
– Puta viejo, sabes que soy pudoroso, no me siento cómodo mostrando mis presas por las puras, ¿Me entiendes?
– ¿Pudoroso? Ah… Claro que te entiendo hijo, claro que te entiendo… No te compliques más, ven a sentarte con tu viejo, eso, ven, toma de mi vaso,toma, toma, al seco… ¿Otro? ¿No? ¿Cómo vas a dejar con la mano estirada a tu padre? Sí, tranquilo, es el último… Oye, ¿Y qué disfraces andabai trayendo? Sólo por saber… ¡Ah! Mira qué bonito, ¿Ése es de la Guerra de las Galaxias, cierto? Te quedó bacán, se nota que pusiste trabajo en confeccionarlo, ¡Salud por eso! Ya po, tómate otro, ¿Y ese otro disfraz? ¿El amarillo con una mascarita que, me imagino, va en los cocos? ¡Ah! El pelao´de Breaking Bad, buena elección, buena elección… ¿Sabes? A mí se me habría ocurrido otra cosa, ¿Te cuento? Con ésta ganabai seguro, tómate otro copete mientras te lo digo, mira, sin compromisos…
– Viejo, me querí curar raja, te caché, y sabí que con trago me envalentono y siempre termino haciendo alguna hueá de la que después me arrepiento.
– ¿Qué onda Mati hueón? ¿Acaso no confiai en mí?
– No se trata de eso, es que…
– ¡Me extraña Mati! Hablas como si no me conocieras, relájate, no te estoy obligando a nada, toma, ahí tení otra piscola… Oye, y a todo esto, ¿Tu tení un tajo en una hueva, cierto?
– Sí viejo, recuerda que por eso las apodaste como “La bonita” y “La de la cicatriz”…
– Claro, claro… podríai disfrazar tu diuca de Scarface, no sería mala idea…
– ¿Ah?
– Scarface po, “Cara Cortada”, Tony Montana, tú sabes, Al Pacino jalando como loco y disparándole a lo que se moviera, la veíamos juntos cuando erai chico, ¿Te acordai? Lindos recuerdos.
– Sí, sí, obvio… pero no tengo nada para vestirla así po.
– ¿Cómo que no? Mira, sácala…
– Viejo…
– ¿Qué? No, no te confundas, es sólo para mostrarte, ya po, sácala, sin compromisos…
– Puta, ya… acá está…
– ¿Viste que no era para tanto? A ver a ver… veo que heredaste el pene de tu madre ah…
– Viejo, hace frío…
– Está bien, está bien, yo no he dicho nada… no está difícil la cosa, le puedo armar un trajecito con mi pañuelo y este trozo de servilleta, le dibujamos unos ojos por acá, le echamos un poquito de gel y le hacemos un peinado bonito, en la pieza de la Gonzala hay un soldadito de juguete, a ése le robaré la metralleta, y por lo demás no te preocupí, ya tení el pulento tajo, que es lo más importante.
– ¿En serio papá? ¿Y tú creí que pueda ganar?
– Claro que sí hijo… sólo tienes que creer…

Me emocionó el viejo. Me emocionó y me dio vuelta fácil, y ahí me tenía, haciendo la fila para hacer mi show arriba de un improvisado escenario (una mesa y un mantel) dentro del clandestino del flaco Lucho. La dinámica consistía en que cada participante debía cubrirse la diuca con una especie de mini biombo hasta subir al escenario y presentar su show, luego se hacían las apuestas correspondientes y, para finalizar, todo el público decidía por aplausos cuál era el disfraz ganador. Al final la repartija de las lucas era más enredada que la mierda y prácticamente se decidía en el momento, lo único que importaba era que el ganador se llevaba una tajada tremenda. El primero en subir al escenario fue el chico Maicol, y el fome culiao no halló nada más obvio que ponerle a su corneta una pequeña cotona blanca, una corbatita azul, un bigotito canoso y algunos mechones de pelo a los lados para decir que la llevaba disfrazada del Doctor Simi, su ídolo, y comenzó a hacerla bailar al ritmo de “la colita es mía, es mía doctor, la inyección, no no no…”. Lo bajaron a pifias, y hasta fruta podrida le tiraron. Luego vino el turno del cabezón Rubén, quien subió todo misterioso y, antes de echarlo afuera, quemó una pelotita de ping-pong, para que saliera humo, y puso de fondo el tema “Paranoid”, de Black Sabbath… “Conchesumadre, cagué”, fue mi primer pensamiento cuando el cabezón sacó su presa disfrazada de Ozzy Osbourne, pero más me impacté cuando vi que puso sobre la mesa un pequeño murciélago hecho de chocolate y, sin más, se lo metió por el hoyo de la tula y le “comió” la cabeza. Todos quedaron en silencio, pero luego de un rato comenzó una gritadera enorme que sólo dio a entender que la performance del cabezón causó furor.

– Es tu turno Mati hueón – me dijo mi viejo – ¡Dale campeón, con todo!
– Viejo, tengo miedo, es la primera vez que hacemos algo así juntos, y la verdad es que no quiero defraudarte…
– Quédate tranquilo Matías, ya no podrías defraudarme más… Ahora, sube ahí y deja bien parado el nombre de la familia.
– Está bien papá, allá voy.
– ¡Matías! Espera…
– ¿Si viejo?
– Te quiero dar algo…

Miré a mi viejo a los ojos pensando que me regalaría un abrazo, o algún amuleto de la suerte, o algunas palabras motivadoras, ¡O cualquier hueá! En serio, sabía que de él me podía esperar cualquier hueá, ¡Pero nunca imaginé que este viejo hueón me iba a pescar la pichula y me iba a dejar caer un puñado de coca en todo el glande! “Ahora sí que ganarás hijo”, me susurró cuando notó mi mueca de terror, “éste es el toque final que le faltaba a tu disfraz, ahora sí que es Scarface, mira, si hasta dura se está poniendo”. ¿Qué le iba a hacer? El mal ya estaba hecho, no sacaba nada con tirar el poto pa´ las moras y, por lo mismo, aproveché la curadera y subí al escenario a dar lo mejor de mí… y creo que ni en los bailes que hice en la escuela obtuve tantos aplausos, la escena del tiroteo me salió igualita, mientras movía la corneta de allá para acá, con la pequeña metralleta pegada al coco izquierdo, mientras mi viejo emulaba el sonido de los balazos y los viejujos del público llegaban a saltar del asiento debido al realismo de la situación, sobre todo cuando apunté al centro de la gallada y, debido a que sentía todo mi miembro adormecido, no me di ni cuenta de que se me soltó el meado y lancé un chorro que le cayó directo en todo el hocico al flaco Lucho, “¡Ta ta ta ta ta ta!”, seguía gritando mi viejo al compás de cada chorro que yo inconscientemente lanzaba, y menos mal que los borrachines se lo tomaron con humor y se prestaron pal hueveo porque, cada vez que le llegaba un chorro a alguno, éste fingía que eran disparos y se hacía el muerto. Me bajé del escenario entre vitoreos, aplausos y gritos eufóricos, gané el primer lugar indiscutidamente y en ese mismo momento decidí que, por lejos, ése había sido el mejor día de mi vida, ¿Y por qué no? Si estaba con mi padre nuevamente y lo hice sentir orgulloso, tomé toda la tarde gratis, gané por primera vez un concurso y al fin pude sentir qué se siente recibir una ovación… Si tan solo no me hubiese meado tres veces camino a casa todo habría sido perfecto, pero no me voy a poner quisquilloso ahora, no después de mi día de gloria dorada.

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